domingo, 5 de abril de 2009

Los valores de Alfonsín


Nunca fui partidario de escribir en primera persona aunque entiendo debo hacerlo para describir fielmente las sensaciones y percepciones que se generan con la partida del político radical Raúl Alfonsín.

De padre peronista abrace definitivamente la actividad política y el ideario radical como muchos jóvenes en la primavera democrática de 1983 cautivado por el mensaje racional que con tonos campechano e intimista matizaba este carismático abogado radical.

Así, con una práctica militante ininterrumpida de más de un cuarto de siglo fui incorporando muchas enseñanzas de las luchas de este gran demócrata por acceder a los valores de libertad e igualdad, apreciando su compromiso, su honestidad intelectual y fundamentalmente su calidez humana

Entonces, muchas veces lo escuche decir aquello de “no seguir a hombres sino a ideas” o “el buen político es el que se caracteriza por hacer docencia política” o predicar permanentemente a quien lo quisiera escuchar inculcando valores como libertad, igualdad, justicia, equidad, ética de la solidaridad, participación, paz, diálogo, compromiso, convicción, dignidad, tolerancia, respeto, desarrollo, entre otros.

Entre las distintas caracterizaciones que Raúl Alfonsín recibió por estos días hubo una que fuertemente me conmovió, la de Maestro de Ciudadanos, creo que fue la que con mayor precisión lo define, por eso y en virtud de ello puedo decir que tuve el honor y el orgullo de haber militado por las ideas, por los sueños, por las utopías que impulsaba este gallego de fuertes convicciones.

Ya finalizando creo que el mejor tributo que podemos hacerle a Raúl Alfonsín es como ciudadanos ejerciendo plenamente esa condición y como radicales trabajando por la construcción de un vigoroso partido político para poder continuar su lucha por un país mejor, en libertad, sin corrupción y con igualdad de oportunidades para todos los argentinos. Carlos Vila, Secretario Comité Departamental Rosario de la Unión Cívica Radical

Publicado: http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2009/4/edicion_166/contenidos/noticia_5370.html

sábado, 4 de abril de 2009

Alfonsín y la invención de la democracia argentina


por Rogelio Alaniz

Los restos de Raúl Alfonsín descansan al lado de los grandes patriarcas del radicalismo. Las emociones del duelo ahora deben dar lugar a la reflexión despojada de legítimos arrebatos sentimentales. Una multitud lo acompañó hasta la tumba. Ese honor, ese privilegio lo han tenido pocos, muy pocos en la Argentina y mirando hacia el futuro me atrevería a decir que por bastante tiempo no habrá otro que lo iguale.

Cuando un pueblo se sensibiliza hasta estos límites por la muerte de un político el caso merece ser estudiado. En primer lugar, las contradicciones y las paradojas. En 1994, fue a almorzar al El Litoral invitado por los directivos del diario. Tuve el privilegio de participar de esa reunión. Dijo muchas cosas interesantes e inteligentes. Él era un hombre interesante e inteligente, un político que no decía banalidades.

Me llamó la atención su sentido del humor. Como los hombres grandes, era capaz de burlarse de sí mismo. En cierto momento de la charla, admitió que en la calle la gente lo saludara, le manifestara cariño y respeto, “pero no me votan ni por joda”. Lo dijo con una sonrisa, pero lo dijo con la certeza de que estaba diciendo la verdad. La gente lo quería, lo respetaba, pero no lo votaba. ¿Por qué esa contradicción, por qué ese contraste?

Lo primero que se dice en estos casos es que la sociedad le reconocía ser el gran presidente de la recuperada democracia argentina, pero hasta allí llegaba el afecto. Puede ser que así haya sido. Efectivamente fue así. Al momento de morir, Alfonsín seguía siendo querido pero no votado. En esa contradicción hay cierta grandeza. Alfonsín estaba más allá, o más acá, del voto. Había ingresado a la galería de los próceres. Lo más importante lo había hecho; lo demás era casi una anécdota.

Las almas bellas decían que ya había ganado los laureles de la historia y que lo más sabio sería retirarse como lo hicieron De Gaulle, Willy Brandt o Churchill. Es posible que el consejo haya sido bien intencionado y sabio, pero tenía una sola limitación: no servía para Alfonsín, no se hacía cargo de la realidad vital de este político de raza. Alfonsín jamás pensó en serio retirarse de la política, no porque fuera vanidoso, sino por la sencilla y absoluta razón de que no podía hacerlo, porque no era capaz de hacerlo, porque algo más fuerte que los propios dictados de la razón o el sentido común, lo empujaba a la militancia, a la lucha. Tal vez ése haya sido su límite, pero era también su virtud, su encanto, su destino.

Los grandes hombres y Alfonsín sin duda que lo era- son aquellos que consagran su vida a una causa y se consumen en ella sin pedir ni dar cuartel. Alfonsín podría haberse retirado con todos lo honores, podía haber optado por la pacifica labor del conferenciante que recorre el país y el mundo reflexionando sobre su paso por el poder. No es un destino injusto o indigno. Pero no era el suyo.

¿Anacrónico? Tal vez. Y ése era también su encanto. Era formal como suelen ser los viejos radicales. Tenía el señorío de los caballeros y la calidez del criollo viejo. También su picardía y su generosidad. Era amigo de los amigos. Siempre dispuesto a la gauchada. Como los viejos políticos radicales, nunca dejaba de darse una vuelta por el comité. Un café con los amigos, un asado con los correligionarios eran actos de felicidad cotidiana.

Le gustaba estar en todas. En lo importante y en los detalles.

Sabía que le tocaba vivir tiempos de derrota. Lo sabía, pero no daba un paso atrás porque como buen radical estaba acostumbrado a ganar y a perder, y en más de un caso, a perder.

A los hombres hay que evaluarlos en sus contrastes, con sus claros y sus oscuros, pero nunca perdiendo de vista la luz fundamental que orienta sus pasos. La luz de Alfonsín fue la política, la política republicana y democrática, por supuesto.

Fue el dirigente que con más convicción defendió el principio de que en política todo puede estar permitido menos matar en nombre de la política. Para una Argentina alucinada por el crimen cometido en nombre de las más diversas causas redentoras, lo suyo fue un acto liberador y una apuesta lúcida y humanista.

Se dice con cierta ligereza que Alfonsín aseguró la democracia de los argentinos y punto. No fue tan así. Y si lo hubiera sido, el tema es mucho más complejo que una simple formalidad institucional.

Hay que decirlo de una buena vez: Alfonsín fundó una nueva república. Esa tarea no fue sencilla. Para realizarla hacía falta decisión, inteligencia. Un gran hombre es aquel que ve más lejos que todos los de su tiempo. Alfonsín vio más lejos, mucho más lejos que sus contemporáneos. Por eso fue grande. Por eso se lo respeta, se lo llora y se lo honra.

No era fácil reinventar la democracia. Para mediados de 1984, un gran porcentaje de los argentinos estaba convencido de que más temprano que tarde los militares regresarían para dar el consabido golpe de Estado. Muy pocos pensaban entonces que la democracia venía a quedarse en serio. Muy pocos lo pensaban porque todas las señales en el aire parecían anunciar lo contrario.

Años después, sus opositores le reprochaban haberse retirado del poder nueve meses antes. Imputación equivocada y en más de un caso promovida desde la mala fe. El gran interrogante de la gestión de Alfonsín, el verdadero interrogante diría que no fue el de haberse ido antes sino el de haberse mantenido más de cinco años en el poder con los grandes grupos de poder en contra.

En 1983, había que luchar contra los golpistas descarados, pero también contra quienes de manera inocente, reproducían los hábitos de la cultura golpista. Gobernó a pesar de los catorce paros generales, con el sabotaje de las fuerzas armadas, la conspiración de sectores clericales, las rechiflas de los grandes bonetes de la Sociedad Rural y en un país acostumbrado a que por cosas mucho menores los gobiernos saltaran por los aires. Y a pesar de todo logró que los principios fundamentales del Estado de Derecho se mantuvieran.

Ésa fue su hazaña. Para que ello fuera posible, su liderazgo fue indispensable. Repito: no se trataba de recuperar la República, de repetir antiguas experiencias, se trataba de fundar una nueva República, sobre nuevos fundamentos culturales y políticos. Por supuesto que quedaron asignaturas pendientes; por supuesto que se cometieron errores, pero lo fundamental se hizo. Y lo que falta hacer: desarrollo, consenso, calidad institucional, inserción en el mundo, también son tareas que hay que leerlas en clave alfonsinista.

No fue un político más. Fue un creador, un fundador de condiciones históricas. Por eso fue grande. Por eso, las multitudes lo lloran y salieron a la calle para llevarlo en brazos hasta su definitiva morada. Por eso, la gente en la calle estaba dolorida por su muerte, pero no triste, porque de una manera difusa presentía que esa despedida era también un reencuentro, que esa caminata hacia la Recoleta era también una búsqueda.

Dicen que murió en paz. Sereno y digno como lo fue en vida. A la hora final, es probable que como Henry James haya dicho: “ Con que al fin llega, esa cosa distinguida, la muerte”.

No fue un político más. Fue un creador, un fundador de condiciones históricas. Por eso, las multitudes lo lloran y salieron a la calle para llevarlo en brazos hasta su definitiva morada.

El verdadero interrogante diría que no fue el de haberse ido antes sino el de haberse mantenido más de cinco años en el poder con los grandes grupos de poder en contra.

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/04/04/opinion/OPIN-03.html

martes, 31 de marzo de 2009

Alfonsín



Por Pepe Eliaschev

Las necrológicas dan por cierto que alguien murió. Yo no sé hoy si éste es el caso. En rigor de verdad, todo lo que digo lo podría decir ahora como lo podría haber dicho antes, como lo podría decir mañana.

Él me hizo volver. Cuando ganó, me di cuenta de que mi exilio había terminado. Me di cuenta de que si hubieran ganado los otros, los peronistas, hubiera habido auto amnistía de los militares. No hubiera habido juntas militares juzgadas. Por eso, cuando ganó, asumió el poder y lo primero que hizo fue juzgar a las juntas, me di cuenta de que la larga década del exilio llegaba a su fin.

Y cuando ya estuvimos acá, me sacó a la calle. Raúl Alfonsín convocó a la gente a la Plaza de Mayo cuando a la República la acechaba un golpe militar de ultra derecha, un golpe militar que cosechaba solidaridades imprevisibles. Afortunadamente, el país democrático, incluyendo muchos notables justicialistas, se agrupó en el balcón de la Casa Rosada para detener la asonada golpista.

Es el hombre que me costó entender, como a tantos coetáneos. Lo hablé entonces, y lo hablé luego muchísimas veces, cara a cara y a solas con él, mirándolo a los ojos, así como él siempre me ha sostenido la mirada. “¿Por qué lo hizo?”, le preguntaba. Jamás me hubiera sido posible tutearlo. Siempre le he dicho “Doctor”. Porque es un doctor. Siempre le he dicho “Doctor Alfonsín”.

Estaba convencido, y siguió convencido hasta último momento, que era indispensable evitar el derramamiento de sangre. Él sabía, y él lo supo en Campo de Mayo, que si algún tipo de gesto la democracia no producía, lo que se había conquistado, lo que se había recuperado, se desintegraría.

Me costó también entenderlo cuando pactó. ¿Por qué lo hizo? Muchos se lo preguntamos. Con una paciencia infinita, Alfonsín lo explicó una y otra vez, y encima lo dejó por escrito en un libro formidable e imprescindible para los jóvenes, que se llama “Memoria política”. Estaba convencido de que era la única manera de encuadrar a un hombre cuyo apetito de poder era voraz, Carlos Menem.

Pero Alfonsín también es el hombre que transgredió. Transgredió mucho más de lo que muchos imaginan, en un momento en donde nadie transgredía nada. Por eso fue combatido por izquierda y por derecha. Por eso desde la izquierda lo corrían con el Fondo Monetario Internacional, y hubo un grupo de alucinados demenciales, finalmente homicidas, que fue a por un cuartel, dejando un saldo de 40 muertos.

Pero la derecha lo odiaba. La Sociedad Rural le dio vuelta la cara en Palermo. La Iglesia Católica Apostólica Romana, aún cuando había gente de probada convicción católica en el gobierno de Alfonsín, le hizo la vida imposible con la ley de divorcio, que hoy es prácticamente una antigualla.

Le cantó las cuarenta en la cara a Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca, por eso fue recelado. Porque la política exterior de Alfonsín propugnaba la paz en Centroamérica. Estaba en contra del intento subversivo contra la Nicaragua sandinista. Argentina fue un país clave en el Grupo Contadora.

Es el hombre que se ha jugado por el sistema, siempre. Tuvo muy en claro que lo único que no era negociable era la democracia y la separación de poderes. Por eso, cuando en el ’89 el peronismo vociferaba “Cuando usted disponga, ahí llegamos”, prefirió irse antes, y evitar que estallara el país. Pidió diálogo en todo momento, y a menudo no lo consiguió, sobre todo en los últimos años.

Hace mucho tiempo que Raúl Alfonsín es un indispensable. Un hombre que por méritos propios, por tenacidad, por patriotismo y por nobleza personal, tenía y tiene la talla de un estadista. Él pensó, y sabía, que la Argentina tenía que salir de la Capital Federal en algún momento. Por eso habló de Viedma. Lo calificaron de loco, de alucinado, de psicópata: “¿Trasladar la Capital?”. No se equivocaba: hoy, como ayer, como mañana, seguirá siendo estratégico. Por eso hizo un Congreso Pedagógico, porque consideraba que era indispensable debatir a fondo, qué educación queremos para los chicos.

Y sobre todo, es el hombre que, a 72 horas de haber asumido la presidencia de la Nación, con las Fuerzas Armadas intactas, con los servicios de inteligencia de las juntas intactos, con la entera estructura del genocidio en su lugar, firmó el decreto de enjuiciamiento a las juntas militares y también a las cúpulas de las organizaciones guerrilleras. Todos ellos tuvieron la posibilidad de defenderse. La Justicia, con enorme rapidez, pese a que apenas hacía horas habíamos salido de la dictadura, terminó con el paradigmático Nunca Más, un ejemplo para el mundo, un caso sin precedentes.

No descolgó cuadros del Colegio Militar, no vociferó contra gente impotente, no cazó leones en el zoológico. Por eso, así lo trataron los carapintadas.

Éste es el Alfonsín que yo recuerdo.

El que siempre recordaré.

Un hombre de una infinita bondad.

Un hombre que me hizo volver, a mí, y a mis seres queridos.

El hombre que fundó la democracia argentina.

El hombre al que no quisieron escuchar los actuales gobernantes, cada vez que les pidió que se bajaran de la soberbia y que aprendieran a dialogar.

Con Alfonsín o sin Alfonsín, aunque estará siempre con nosotros, ojalá que los que ahora tienen poder aprendan la lección y se bajen del caballo.

Y aprendan que un estadista es un hombre que hizo, que dijo y que dejó, lo que hizo, dijo y dejó Raúl Alfonsín.

Fuente: http://blogs.perfil.com/podcast/index.php/2009/03/31/alfonsin/

sábado, 28 de marzo de 2009

Bienvenido Tolo a la mística copera!!!


Por Nicolás Balinotti
De la Redacción de LA NACION

El deporte, en el fluir de sus acontecimientos, bien puede asimilarse a una novela por entregas. Desde su abrupta salida, en mayo de 2003, Américo Rubén Gallego siempre figuró en la rueda de nombres que dio vueltas por Avellaneda cada vez que Independiente necesitó de un técnico. El Tolo, el último gran héroe que guió a los Rojos hacia un título, en 2002, regresó ayer al club después de que un contexto antropófago se haya devorado a 11 entrenadores en apenas siete años.

Distanciado de Independiente, Gallego siguió su camino, primero por Newell´s, y después por Toluca, de México. Fue campeón en ambos equipos y de esta manera sumó exitosos antecedentes a un currículum envidiable para cualquier técnico, con logros en River y un proceso de cuatro años por la selección nacional como ayudante de Daniel Passarella.

Pero Independiente fue el que no pudo despegarse de esa melaza de melancolía que lo unió a Gallego. Julio Comparada apeló ahora al DT en una apuesta a todo o nada. El presidente del club olvidó su retórica conservadora y dejó de pensar en un entrenador de bajo perfil y económico, como lo fueron los cinco que pasaron sin suerte desde que está a cargo de la institución. Esta vez, Comparada decidió a la luz de las encuestas y el humor popular. El hincha de Independiente no toleraba otra frustración, y desde que se encadenaron los lamentos y los fracasos, siempre surgió el Tolo como la única solución.

La saga de desencuentros se interrumpió. Es tiempo de esperanza e ilusiones. Del capítulo de la refundación de Independiente. La figura de Gallego aparece diáfana en un contexto deportivo que no es para nada malo. Independiente está a cinco puntos de Lanús, el líder y el rival de la próxima fecha. Además, cuenta con un plantel numeroso (45 profesionales), con jugadores de jerarquía.

"Siempre trabajé con menos jugadores, pero voy a tener en cuenta a todos. Hay buen material y no pretendo cambiar mucho de lo que se venía haciendo. Mis jugadores tienen que correr y meter. Empiezan de cero. Todos mis equipos pelean por algo, y ahora estamos cerca de la punta así que pelearemos para estar arriba y creo que se puede", fueron las primeras palabras de Gallego como nuevo entrenador de los Rojos.

El Tolo estará acompañado por Juan Amador Sánchez (ayudante de campo) y los preparadores físicos Rubén Olivera y Daniel Díaz. Asumirán pasado mañana, en Villa Dominico. El vínculo se acordó por 15 meses, con la posibilidad de interrumpirlo el 31 de diciembre. Entre los números del contrato se contempló la deuda de 1.449.418 pesos que el técnico reclamó cuando el club ingresó en convocatoria de acreedores. Ahora, el Tolo y su cuerpo técnico percibirán aproximadamente 1.000.000 de dólares por temporada, a pesar de que dirigentes de los Rojos desestimaron esta cifra.

"No es un técnico impagable y se ajusta a la realidad del fútbol argentino. No pone en riesgo la economía del club", afirmó Cristian Matera, secretario general. Y Comparada agregó: "La crisis golpea a todos los clubes, pero Independiente está en condiciones de hacer el esfuerzo. A Gallego le interesó el proyecto, con las juveniles, un equipo con jugadores propios y con la misma base desde hace tres años. Su llegada es un viejo sueño, una ilusión".

Una neblina de desconfianza enmascara a la contratación de Gallego. La inversión que hará Independiente sorprende, sobre todo, por los últimos inconvenientes financieros que demoraron las obras de remodelación en el estadio Libertadores de América. Es más, hace poco, el propio Comparada reconoció un préstamo bancario de US$ 4.000.000 para darle un impulso a la construcción. Ahora, surge otro frente para cubrir: el contrato del Tolo, el último héroe que le devolvió el entusiasmo a los Rojos.

39 partidos son los que dirigió Américo Gallego a Independiente en su anterior paso, entre 2002 y 2003. Su efectividad fue del 52 por ciento.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1112941

http://www.youtube.com/watch?v=eCYXL86rdug

lunes, 9 de marzo de 2009

Dejar atrás el Concejo Delivery en Rosario


Hace unos días el diario La Capital publicó la columna de opinión del abogado Damián Garcia la que entiendo opera como un buen disparador para el debate acerca de la calidad institucional de nuestra ciudad de Rosario en general y del Concejo Municipal en particular.

La buena o mala calidad de un Estado, sea municipal, provincial o nacional, puede apreciarse a partir de poder valorar el funcionamiento de sus instituciones, fundamentalmente en lo que atañe al respeto por la constitución y a la legislación vigente.

La composición de los cuerpos legislativos es el reflejo de la decisión soberana del electorado y en virtud de ello es oportuno consignar que la construcción de mayorías propias constituye muchas veces toda una tentación para quienes son recipiendarios de tamaño crédito político y fundamentalmente para los que son portadores de ambiciones desmedidas de poder.

En los últimos tiempos en la ciudad de Rosario la mayoría regimentada del partido de gobierno ha transformado al Concejo Municipal en un verdadero servicio de delivery para saciar las necesidades y los pedidos del Poder Ejecutivo Municipal.

A modo de ejemplos basta con ver las aprobaciones de la ley de leyes rosarina para los ejercicios 2008 y 2009, con solamente el voto positivo de los ediles del oficialismo municipal, echando por tierra concepciones alberdianas sobre división de poderes y también haciendo lo propio con la principal característica de un Estado de derecho cual es el pleno imperio de la legislación vigente, esto a partir de la delegación al Ejecutivo de atribuciones propias del legislativo, del avance hacia la concentración de poder y fundamentalmente del desdibujamiento de las funciones de control inherentes del Concejo.

Así, constituye una paradoja el hecho de que el actual partido de gobierno municipal, caracterizado historicamente por la defensa de la calidad de las instituciones y por negarse a que una persona pueda manejar discrecionalmente los dineros públicos fracture esa tradición política.-

Un párrafo aparte merece la aún vigente ley provincial 12.065 que correctamente caracteriza el abogado mencionado. Para decir las cosas por su nombre la ley “Borgonovo” atenta contra una integración plural del concejo municipal permitiendo el reinado de mayorías regimentadas como la que actualmente padecemos los rosarinos de ahí que se imponga la derogación de dicha norma para dar lugar a la ampliación de la representación ciudadana.

Volviendo al tema en cuestión, es la ciudadanía la que en definitiva define la conformación del Concejo Municipal por eso es propicio poder debatir estas cuestiones para arribar a conclusiones que nos permitan asegurar la plena división de poderes, impedir las delegaciones de funciones, ampliar las funciones de contralor sobre los actos de gobierno del Poder Ejecutivo Municipal, garantizar que los pedidos de informes sean contestados en tiempo y en forma o impulsar la creación de una auditoría municipal ciudadana y de una Fiscalía de Estado Municipal que aseguren la debida transparencia en los actos de gobiernos.

Rosario tras el estancamiento que viene experimentando en estos últimos tiempos amerita una nueva composición en el Concejo Municipal, necesita un cambio que permita incorporar pensamiento crítico con propuestas para dejar atrás un cuerpo deliberativo "que cumple con mansedumbre bovina las órdenes que llegan de arriba" parafraseando a Moises Lebensohn.

Los rosarinos necesitamos volver a creer, a crecer, a soñar con una ciudad en crecimiento, con servicios públicos que funcionen eficientemente, con un municipio limpio y seguro, lo hicimos una vez, hacerlo nuevamente como siempre, depende de todos.

http://www.youtube.com/watch?v=1tP1umpp4M4

sábado, 28 de febrero de 2009

Humilde sugerencia: ir más seguido a la biblioteca


por Jorge Lanata

Sin sonrojarse y mirando a los ojos de Julio De Vido la presidenta afirmó en la Biblioteca Nacional que debemos “ejercitar el pensamiento audaz, no sometido a las reglas que vemos directamente en los medios de comunicación, en los cuales se repite casi monocordamente un libreto que nunca se sabe quién lo elabora, pero que todos tenemos fuertes sospechas respecto a qué intereses responden.

Los aplausos posteriores dejaron en evidencia que los asistentes ignoraban que fue el presidente Kirchner quien autorizó la fusión de Cablevisión y Multicanal, o quien extendió las licencias de los medios que ahora su co-presidenta fustiga. Pero Carta Abierta ya tendrá alguna justificación para dar sobre eso. Mientras Horacio “Otis” González y José Nun cambiaban sonrisitas con el ministro planificador, la presidenta agregó: “Éste es el gran desafío; lo hicieron grandes pensadores en el medio del silencio. Arturo Jauretche, Escalabrini Ortiz, tantísimos argentinos que no aparecían en los medios de la época. Si uno lee los diarios de aquel entonces nunca va a encontrar a un Arturo Jauretche o lo que decía un Raúl Escalabrini Ortiz, o lo que decía un Homero Mansi o un Enrique Santos Discépolo; al contrario, estaban casi silenciados”.

La cita fue levantada textualmente de la página de la Presidencia en internet (la de la Biblioteca no estaba actualizada y ni siquiera mencionaba el acto), y los apellidos en bastardilla están, en efecto, mal escritos: la presidenta se refiere a Scalabrini y Manzi.

Lo interesante de la cita presidencial es su inexactitud: ninguno de los intelectuales citados fueron ignorados por los medios de su época y, cuando con dos de ellos sucedió algo que podría calificarse así, fue durante el segundo gobierno peronista.

Homero Nicolás Manzione Prestera (Homero Manzi, 1907-1951) fue, como se sabe, un letrista y director de cine argentino, autor, entre otros tangos, de “Malena”, “Barrio de tango” y “Sur”. Manzi fue afiliado radical y militante yrigoyenista y fue expulsado de sus cátedras de Literatura y Castellano por el golpe de Uribiru, que lo encarceló un breve período. Participó de la fundación de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) con Jauretche, Dellepiane y Scalabrini Ortiz. Ya entonces había musicalizado varias películas y produjo, entre otros, el guión de Nobleza gaucha, la película muda de mayor éxito del cine argentino. Escribió, durante esos años: Con el dedo en el gatillo (1940), Huella (1940), Confesión (1940), Fortín alto (1941), El camino de las llamas (1942), El Viejo Hucha (1942), Ceniza al viento (1942), La guerra gaucha (1942), Eclipse de sol (1943), Todo un hombre (1943), Su mejor alumno (1944), Pampa bárbara (1945), Donde mueren las palabras (1946), Rosa de América (1946), Nunca te diré adiós (1947), Pobre mi madre querida (1948), De padre desconocido (1949), El último payador (1950), Escuela de campeones (1950), Con la música en el alma (1951). De estas últimas, en El último payador y Pobre mi madre querida fue, también, el director de la película. Manzi no se alejó del radicalismo durante la Unión Democrática y recién a fines de 1947 se acercó al general Perón. Escribió entonces “Versos de un payador al general Juan Perón”. En 1948 fue electo presidente de Sadaic. No parece, para volver a las palabras presidenciales, el retrato de un “casi silenciado”.

Si alguien pudiera considerarse dueño de las palabras, a Don Arturo Martín Jauretche (1901-1974) le corresponde la escritura de “cipayo”, “vendepatria” y “oligarca”. También fue radical yrigoyenista y tomó las armas para combatir a la dictadura de Uriburu. Escribió, en la cárcel, un poema gauchesco, El Paso de los Libres, publicado en 1934 con prólogo de Borges. Hombre de Domingo Mercante y próximo al ministro de Economía Miguel Miranda, Jauretche proponía un perfil industrializador durante la guerra en Europa. Fue presidente del Banco Provincia entre 1946 y 1951. Cuando Mercante se enfrentó a Perón, Jauretche abandonó su cargo y se retiró a la vida privada. Volvió a aparecer después del golpe del 55 fundando el periódico El Líder y el semanario El 45, donde defendió los diez años de gobierno popular. La Libertadora, que hasta entonces no lo había perseguido, lo forzó al exilio en Montevideo. Publicó en 1957 Los profetas del odio (una respuesta a Ezequiel Martínez Estrada y su Radiografía de la pampa), en 1959 publicó Política nacional y revisionismo histórico, en 1962 FORJA y la Década Infame, luego Filo, contrafilo y punta. A esa altura sus ensayos habían logrado una importante repercusión pública: en 1966, El medio pelo en la sociedad argentina, en 1968 el Manual de zonceras argentinas y en 1972 el primer volumen de sus memorias.

Raúl Scalabrini Ortiz (ex Canning, 1858-1959) fue ingeniero y político y poeta. Trabajó como periodista en La Nación, El Mundo, Noticias Gráficas y dirigió y fundó el diario Reconquista. Para Jauretche, Scalabrini fue “la mitad de FORJA”, su trabajo como investigador de la influencia del capital británico en la Argentina fue fundacional. Escribió: La manga (cuentos, en 1923), El hombre que está solo y espera (1931), Política británica en el Río de la Plata (1936), Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional (1937), El petróleo argentino (1938) Historia del Ferrocarril Central Córdoba (1938), Historia de los ferrocarriles (1938), Historia del primer empréstito (1939), Historia de los ferrocarriles argentinos (1940), La gota de agua (1942), Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino (1946), Defendamos los ferrocarriles del Estado (1946), Tierra sin nada, tierra de profetas (1946), Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica (1948), El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y nueva Constitución Argentina (1948), Perspectivas para una esperanza argentina (1950), Aquí se aprende a defender a la Patria (1957). Escribe el insospechado Norberto Galasso: “Pero si bien Perón reconoce en varias oportunidades el aporte ideológico de Scalabrini, su gobierno no le brinda el acceso a los medios para que difunda su pedagogía nacional. La burocracia peronista, por su parte, choca con este místico de la política, contumaz crítico de toda desviación o inconducta. Por ello se retrae de la vida pública y se dedica a plantar álamos en la costa del Paraná”.

Enrique Santos Discépolo Deluchi (1901-1951) es el autor de Yira yira, Chorra, Esta noche me emborracho, Cambalache, Uno, Cafetín de Buenos Aires y tantos otros. Fue compositor, músico, dramaturgo y cineasta. Escribió: Melodías porteñas (1937), Cuatro corazones (1939, también la dirigió) Un señor mucamo (1940, autor y director), Caprichosa y millonaria (1940 autor y director), Confesión (1940), Una luz de una estrella (1941, también director), Fantasmas en Buenos Aires (1942 autor y director), Cándida, la mujer del año (1943, autor y director), Yo no elegí mi vida (1949) y El hincha (1951). En noviembre de 1951 la muerte lo sorprende en pleno éxito radial de su personaje Mordisquito, a través del que hizo pública su militancia peronista. Para volver a citar a la presidenta, sería éste el caso de uno de los “desconocidos” más populares del país.

Entre tantas “ideas audaces” nadie tuvo la feliz ocurrencia de corregir a Cristina, o de leer antes lo que alguien (a quien tampoco corrigieron) escribió. La acompañaban el secretario de Cultura, el director de la Biblioteca y el ministro de Peajes. Nuestra humilde sugerencia es que haga más frecuentes sus visitas a la Biblioteca. No cuesta nada pedirle al helicóptero que pare en Libertador y Austria para leer un poco. Eso sí, por favor, suba por la escalera.

Fuente: www.criticadigital.com

http://www.youtube.com/watch?v=bkan9AmOWwQ

martes, 17 de febrero de 2009

Dengue


La detección de tres casos de dengue, más allá de las explicaciones de los funcionarios municipales, mueve al siguiente interrogante: Se habrán adoptado las debidas medidas de prevención en la ciudad de Rosario?

http://www.youtube.com/watch?v=Qfz-xfw-a30