sábado, 26 de diciembre de 2009

El candidato


Por Osvaldo Alvarez Guerrero

Precandidatos y candidatos hay siempre, y para todo. Pero su tiempo, es el de las épocas electorales. Entonces se ponen de moda y adquieren notoriedad de distinta índole los que se postulan para los cargos de gobierno. En mérito a las encuestas, a la publicidad, a los reportajes, y eventualmente , a lo que dicen y piensan los electores, el mercado de candidatos ajusta su oferta cuando llega la hora de cumplir con el derecho y la suprema obligación del sufragio. Hay candidatos ganadores y perdedores, reelegibles y permanentes, viejos y nuevos, inteligentes y brutos, simpáticos y antipáticos, con buena o mala imagen, mujeres y hombres (asimiliación que formulo para evitar el presumible cargo de discriminatorio), con carisma y hasta con más o menos atractivos sexuales. Es, pues, hora de hablar de los candidatos.

La palabra candidato viene del latín “candidatus”, que quiere decir vestido de blanco. Durante la República Romana, los postulantes al Senado (el cargo electivo más importante) se ponían la toga “cándida”, de un blanco muy puro, deslumbrante. Plutarco, historiador de la época, sostiene que “esa toga debía ser su única vestimenta, a fin de que no se pudiera suponer que tenía dinero escondido en sus hábitos para comprar los votos de los ciudadanos, y para hacer más fácil mostrarle al pueblo romano las cicatrices de las heridas recibidas defendiendo a la República”, pues, bajo la toga, los candidatos estaban desnudos.

En algunos aspectos, aun sin televisión ni revistas chismosas, los controles del pueblo sobre sus eventuales pretendientes a representarlo eran más sencillos entonces que ahora. Por lo demás, es infrecuente que ciertos candidatos se presten a mostrar sus cicatrices, que en todo caso no serían la huella de heroicas actitudes patrióticas sino de alguna apendicitis o de un partido de fútbol de barrio. El exhibicionismo político actual tiene otros recursos y objetivos. Aunque hubo una excepción precursora en el caso de una funcionaria nacional vinculada lejanamente con la ecología, que posó para los fotógrafos solo cubierta, sugerente, con pieles de zorro, lo que despertó un fugaz escandalote.

A pesar de aquélla manera simbólica de transparencia pública, los políticos y funcionarios romanos (y antes y después de ellos, los de otras naciones), se corrompían. Voltaire, en el siglo XVIII, escribía en sus “Cartas filosóficas” sobre el parlamento británico, que “hay un senado en Londres de algunos de cuyos miembros se sospecha que venden sus votos llegado el caso, como se hacía Roma”. La Glasnost de la etapa caótica de la ex Unión Soviética significa transparencia en los actos de gobierno, un proceso que pretendía develar los oscuros mecanismos del poder de la burocracia del Partido Comunista. Cayó el comunismo y la URSS, pero no parece que los pasillos del Kremlin sean democráticamente más luminosos que en los tiempos de Iván el Terrible, Rasputín o Stalin.

Es imposible hoy que un ciudadano común en la Argentina, aunque tenga similares sospechas que los londinenses del tiempo de Voltaire, pueda conocer los secretos del financiamiento de las campañas políticas. Estos no se esconden en los bolsillos de los candidatos, sino en sofisticadas maniobras bancarias y otras operaciones mas o menos lícitas no excluyentes. En esas maniobras una parte suele quedar en el patrimonio de operadores y candidatos aunque los testaferros y sociedades fantasmas y cuentas bancarias secretas conforman una selva de ocultaciones impenetrable.

Periódicamente aparece algún proyecto que pretende que se hagan públicas las fuentes de financiamiento de los partidos políticos. Sin embargo, los dirigentes de cualquier partido pueden contar sus experiencias personales al respecto: una reglamentación de ese tipo sería inútil, además de improbable sanción, porque los dineros importantes se entregan a los candidatos o a sus íntimos recaudadores, no a las tesorerías oficiales de los partidos. Es más seguro y eficaz el soborno a los sujetos de carne y hueso que a las instituciones. Los que luego firman contratos, decretos aprobatorios de compras o licitaciones, son personas físicas, que tienen el divino sello de la función pública, no las personas jurídicas o de existencia invisible como dice nuestro código civil.

De todos modos, el inmaculable blanco de las togas que usaban los candidatos romanos, tiene simbología algo confusa. El blanco es mucho más que un color. En el nuevo testamento se cuenta que cuando llegue el Apocalipsis, la vestimenta “de los que han salido de la gran tribulación, han lavado su ropa y la han blanqueado con la sangre del cordero” será tan blanca como la nieve. Tradicionalmente en las primitivas mitologías, el blanco es asimilado al andrógino (figura ambigua si las hay) al oro, a la deidad. Dios tiene las barbas blancas. La blancura simboliza el estado paradisiaco y –nueva curiosidad incomprensible- al mundo … ¡celeste!

Pero los hombres, aunque a veces se lo crean, no son dioses. Admitiéndolo, Azorín, en la España de principios de siglo, aconsejaba a los políticos vistieran de negro trajes más bien gastados, los botines muy lustrados, camisa blanca y limpia, y sin joyas (a los sumo una finísima cadenilla para el reloj de bolsillo), como expresión de digna austeridad.

Blancuras y togas aparte, es bueno reivindicar el derecho ciudadano a conocer el orígen y sobre todo los porqués de algunas campañas electorales. La honestidad republicana significaba por la etimología latina que evoco en esta nota, debe extenderse no sólo a los gobernantes sino a los potenciales gobernantes y a los que lo fueron antes.

Publicado en el diario Río Negro, 21.02.95

viernes, 27 de noviembre de 2009

Las lecciones de Lebensohn



por Marcos Aguinis

El hombre que pudo cambiar la historia." Este es el subtítulo que lleva la biografía de Moisés Lebensohn, que acaba de publicar José Bielicki. No es un subtítulo arbitrario. Félix Luna le ha dedicado un sustancioso prólogo. Años antes, en su libro Encuentros a lo largo de mi vida , Luna habló de Lebensohn: "En el congreso de la juventud radical, en noviembre de 1951, y como postre, escuché uno de los más hermosos discursos que oí en mi vida: el de Moisés Lebensohn, para cerrar las deliberaciones". Escribió después: "Aunque se suponía que Frondizi disponía de una singular formación, lo cierto es que ésta era unilateral y armada sólo en función política. Lebensohn no había sido así. Podía comentar una gran novela clásica o contemporánea, o hablar de la obra de un gran pintor".

En efecto, fue uno de los políticos más cultos y universales que registra el catálogo argentino. Una persona de extraordinaria sensibilidad social, coraje ético y visión de largo plazo.

Lebensohn cumplió un papel sobresaliente en la década del 30, pues combatió el fraude. Fue un adalid de la democracia en los trágicos años de la Guerra Civil Española; luchó sin miedo contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial y después de ella, y logró formar el bloque de Intransigencia y Renovación, con su histórico Programa de Avellaneda. Condujo a la oposición durante la reforma constitucional de 1949, y suscitó el asombro y la hostilidad de sus adversarios, pero a la vez una inocultable admiración.

Si no hubiera fallecido muy joven, en 1953, habría podido imprimir a la historia argentina otro curso. Era evidente por la energía y lucidez con las que empujaba su acción política, de la que no se olvidan quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.

Su padre era un médico que desembarcó en Buenos Aires a fines del siglo XIX. Nacido en Ucrania, se perfeccionó en Suiza y Francia. Hablaba y escribía en nueve idiomas y se carteaba con la intelectualidad europea. Entabló amistad con Juan B. Justo, pero se afilió al radicalismo. Luego de vivir en distintas ciudades, se instaló en Junín, ciudad por entonces muy importante por el cruce de las vías del Ferrocarril del Pacífico y el Central Argentino. Su hijo Moisés había nacido en Bahía Blanca. Como Borges, su infancia transcurrió, en gran parte, disfrutando del paraíso que era la enorme biblioteca de su padre.

Moisés Lebensohn se zambulló de pleno en las cuestiones argentinas y mundiales al fundar en 1931, durante el régimen de Uriburu, el diario Democracia . Con artículos y editoriales incandescentes, comenzó a señalar el rumbo que debía orientar a la República mancillada por la profanación constitucional del golpe de Estado. Se había recibido de abogado y prestó ayuda legal a los trabajadores y disidentes perseguidos por el gobierno. Viajó por ciudades y pueblos hasta conseguir que, a pocos meses del golpe, en la provincia se le pudiera infligir al régimen una derrota política.

Por aquella época, la Legión Cívica, la de Mayo y otras bandas fascistas desfilaban uniformadas, con la complicidad del gobierno usurpador. Centenares de dirigentes radicales eran detenidos y muchos optaban por el exilio. La dictadura iba en serio.

El diario Democracia no se abstuvo de denunciar las persecuciones y el secuestro de libretas, ni de señalar, por ejemplo: "Hay un ambiente de temor y se ha clausurado un centro socialista". También investigó las torturas a los presos políticos.

Lebensohn luchaba contra tres frentes simultáneos: el avance fascista internacional, las violaciones institucionales en la Argentina y la confusión reinante en la Unión Cívica Radical. Fue severo con la decadencia de la vocación política: "Nuestros políticos ya no son los escultores del alma nacional y la estructura del país... Su habilidad consiste en ocultar su pensamiento, simular o disimular, flotar sobre las corrientes contradictorias como madero sobre el mar; permanecer en la superficie".

En 1935, se constituyó Forja (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). Pero Lebensohn no había sido invitado por el tufillo fascista y antisemita que había penetrado en esa organización por la influencia de revisionistas reaccionarios, como los hermanos Irazusta y Ernesto Palacio. Se había desencadenado un fuerte debate en el seno del radicalismo, que se intensificó gracias al triunfo de Sabattini en Córdoba. Lebensohn sacó conclusiones y aceleró la marcha hacia el cambio.

Sus compañeros o discípulos eran Gabriel del Mazo, Arturo Frondizi, Ricardo Balbín, Crisólogo Larralde, Damonte Taborda. Era el indiscutible docente de voz seductora y frases llenas de contenido. Un pilar que no se agrietaba por las tormentas. Lo admiraban y elogiaban Alfredo Palacios, Enrique Dickman, Alicia Moreau de Justo. Criticó "las leyes que posiblitan el fraude y permiten que candidatos desechados sean consagrados intendentes", como si no sólo describiese su tiempo, sino como si leyera el lamentable futuro argentino.

"Cualquier déspota puede obligar a sus esclavos a que canten himnos a la libertad, y ese canto parece compatible con las cadenas y la opresión." No hesitaba en cuanto a la defensa de la democracia, la Constitución, el pluralismo y la tolerancia. Denunció con filípicas ardientes la hipocresía de los discursos que dicen lo contrario de lo que se hace (otra referencia a nuestro tiempo).

Antes de que apareciera Perón, escribió: "Hace poco leía a un ensayista inglés que decía que la lucha en el siglo pasado fue por el sufragio; en éste, por el pan. Es decir, por la justicia social". Su flexibilidad mental y el respeto al poder de las evidencias le permitieron expedirse en cada instante con la palabra justa. En nuestros días habría modificado muchas de las posiciones que eran correctas en los 50, pero que resultan un anacrónico lastre en la actualidad. Por eso es importante seguir su conducta basada en valores, pero atenta a las circunstancias de cada etapa histórica. No dudaba en estar siempre actualizado. Lo afirmaba respecto a su partido: "El problema central es, ante todo, el reajuste de la máquina partidaria, su adecuación a las circunstancias y exigencias presentes, a un nuevo espíritu y nuevos métodos de lucha".

Lebensohn denunció que el fascismo extrae su fuerza del hambre y la desesperación de los pueblos. "El hombre que ignora si al día siguiente llevará un trozo de pan a su hogar, qué será de él y los suyos si dura la desocupación y la enfermedad, el hombre que se siente aislado ante el duro existir de una sociedad sin piedad... ese hombre y ese joven entregan sus libertades a los regímenes totalitarios a cambio de la eliminación de esas incertidumbres."

De nuevo aparece el profeta que quita el velo a un principio fundamental del populismo: mantener la pobreza para sobornarla con subsidios y regalos, y seguir atornillado al poder comprando votos.

El 4 de abril de 1945 se constituyó en la ciudad de Avellaneda el Movimiento de Intransigencia y Renovación, inspirado por Moisés Lebensohn. Allí se selló un pacto para defender la moral, la justicia social, la libertad, la república, el federalismo, la libertad sindical, el voto femenino, la reforma educativa y una firme repulsa a toda forma de régimen corporativo.

Es curiosa y casi novelesca la amistad que este hombre excepcional mantuvo durante un tiempo con Eva Duarte, por haberse conocido en Junín. Democracia la ayudó con algunos comentarios favorables a su carrera artística. También se los vio charlando en la confitería Politeama, de la calle Corrientes. El la llamaba "Negrita" y ella, "Rusito".

Moisés le había inculcado la necesidad de luchar por los desposeídos. Nunca se agraviaron, pese a que luego fueron divididos por trincheras opuestas. Eva Duarte regresó por poco tiempo a Junín para casarse con Juan Domingo Perón.

Lebensohn jamás se dejó arrastrar por el odio que fue suscitando el acelerado autoritarismo de la primera etapa peronista. Pero consiguió que al Congreso de la Nación ingresara el famoso Grupo de los 44, que tenía una mayoría intransigente. Pese a su equilibrio, no tenía pelos en la lengua y describía con trazos irrefutables la realidad imperante: "Hay una destrucción del sindicalismo independiente, avasallamiento de las universidades, humillación del régimen parlamentario, monopolio de la radio y del cine; restricción de la libertad de prensa; manejo discrecional de los fondos públicos y de los inmensos recursos sustraídos a la producción; absorción burocrática del control económico y financiero; reelección indefinida del jerarca". Semejante pintura concluía con una frase terrible: "Ya están dadas las condiciones totalitarias".

¿No fue una descripción también destinada a nuestros días? ¿O son nuestros días un retroceso patético a la espantosa ciénaga del pasado? Como si no hubiese sido explícito, dejó una inolvidable ilustración al preguntarse qué había hecho el señor Mussolini al capturar el dominio de Italia. Había mantenido las instituciones, sí, sin suprimir el Parlamento. Pero había desjerarquizado el Parlamento. No suprimió a la oposición, no, pero la ignoró y humilló. Cambió las leyes electorales para tener una mayoría automática. No estableció una censura manifiesta, no, pero creó un sistema de coacción económica y moral hasta dominar toda la prensa. Los sindicatos fueron ganados uno por uno por la fuerza o el soborno. El partido oficial fue convertido en órgano del Estado.

Ante la inminencia de su fin, Lebensohn se abstuvo de exclamar "¡No quiero morir!". Manifestó: "No debo morir; hay tanto que hacer, tanto que luchar, luchar..." José Bielicki cierra su biografía reafirmando la misión de apóstol que caracterizó a ese político de raza, su visión humanística, su actitud humilde y generosa, su compromiso con los valores altos. El traslado de sus restos a Junín provocó una multitudinaria movilización espontánea. Centenares de coronas hicieron guardia de honor ante el paso del cortejo. El diario Democracia , al que el gobierno escamoteaba papel, consiguió aparecer, pero enlutado por un vacío irreparable. Vuelvo a Félix Luna: "Lo más importante de Lebensohn es la pasión que lo animó y la jerarquía que dio a la política como instrumento para mejorar la vida colectiva". © LA NACION

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1204628

sábado, 14 de noviembre de 2009

Crisis


Otro jueves negro en el Wall Street Journal,
desde el veintinueve la bolsa no hace crack,
cierra la oficina, crece el desvarío,
los peces se amotinan contra el dueño del río.

En el vecindario a la hora del rosario
ni carne ni pescao,
dame otra pastilla de Apocalipsis Now
mientras se apolilla el libro rojo de Mao

Crisis en el ego,
todos al talego,
crisis en el adoquín.

Crisis de valores,
funeral sin flores,
dólares de calcetín.

Crisis en la escuela,
quien no corre vuela,
sexo, drogas, rock and roll.

Crisis en los huesos
fotos de sucesos,
cotos de caza menor.

Dan ganas de nada mirando lo que hay:
ayuno y vacas flacas de Tánger a Bombay.
Siglo XXI, desesperación,
este año los reyes magos dejan carbón.

Y la gorda soñando que le aborda el crucero
un fiero somalí.
A ritmo de cangrejo avanza el porvenir
mirándose al espejo de esta España cañi.

Crisis en el cielo,
crisis en el suelo,
crisis en la catedral.

Crisis en la cama,
cada sueño un drama,
un euro es un dineral.

Crisis en la luna,
la diosa fortuna
debe un año de alquiler.

Crisis con ladillas,
manchas amarillas,
pánico del día después.

Crisis en la moda,
firma y no me jodas,
esta no es nuestra canción.

Guerra de intereses,
vuelvo haciendo eses,
ábreme por compasión.

Putas de rebajas,
reyes sin baraja,
inmundo mundo mundial.

Sábado sin noche,
México sin coches,
libro sin punto final.

Cómete los mocos,
no te vuelvas loco,
múdate a Nueva Orleans.

Gripe postmoderna,
rabo entre las piernas,
Clark Kent ya no es Supermán.

Mierda y disimulo,
crisis por el culo
del zulo de tú nariz.
Crisis, crisis, crisis...

miércoles, 21 de octubre de 2009

Proclama revolucionaria de 1932


“Frente a la dictadura del general Justo, las dictaduras de la compañía Standard Oil, Bunge y Born, Dreyfus, asociaciones de frigoríficos, tranvías, uniones telefónicas, etc. Frente a esta dictadura extranjera disfrazada canallezcamente con los colores de nuestro pabellón y a la que solo civiles y militares que han caido en la ignominia de traición a la patria pueden apuntalar, proclamamos la revolución con el fin de reconquistar para el pueblo argentino, la suma de derechos y libertades ultrajadas, arrojadas por las miserables legiones fascistas del jockey club y del círculo de armas que no han trepidado en vender la nacionalidad a cambio de satisfacer sus barras bastardas y ruines de ambiciones personales de orden político y comercial.

A los jefes y oficiales dignos, a los suboficiales y cadetes del ejercito, de la marina, a los obreros, a los chacareros y a la juventud universitaria y de institutos secundarios, a los pequeños comerciantes, propietarios e industriales incitamos a acompañarnos en esta santa cruzada, rebelde y renovadora por la democracia y la independencia política y económica de la nación y de sus clases productoras. Argentinos de pie, a las armas, viva la República Argentina, viva la Unión Cívica Radical.”


El manifiesto revolucionario transcripto fue encontrado en la chaqueta del Teniente Coronel Regino Lascano tras ser asesinado en Curuzú Cuatiá por los exponentes del régimen fascista que derrocaron el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen.

Cabe consignar que esta proclama no es para incitar a nada, constituyendo si un aporte histórico para saber de donde venimos.

Fuente: proclama leida por el Presidente del Comité Departamental de Paraná, provincia de Entre Ríos, Fabián Rogel, en el homenaje a Osvaldo Alvarez Guerrero con motivo de haberse cumplido el primer aniversario de su fallecimiento y que organizara la Fundación Arturo Illia.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El tiempo del radicalismo


El resultado electoral en la ciudad de Rosario del pasado domingo dejó mucha tela para cortar.

Los números arrojados en este comicio basicamente pusieron al desnudo el agotamiento de un modelo de gestión que ya no brinda respuestas a los vecinos y como indicador basta consignar que en el lapso de dos años el socialismo perdió 150.000 votos.

También indican los números las dificultades del justicialismo para erigirse en opción en una ciudad con tradición no peronista y la aparición de dos nuevos actores hablamos de las expresiones vernáculas de Mauricio Macri y Fernando Pino Solanas.

En cuanto a la perfomance electoral de la UCR rosarina los 69.716 votos obtenidos marcan una clara recuperación partidaria y una excelente oportunidad para constituir al radicalismo en alternativa para el 2011.

El resultado obtenido por el radicalismo rosarino es doblemente meritorio por tratarse de una elección trabajada artesanalmente a la usanza alfonsinista basada en el boca a boca, puerta a puerta para llevar el mensaje de la UCR, compitiendo contra la parafernalia publicitaria del partido de gobierno, con un plus vergonzoso: la utilización de todos los recursos de la Municipalidad de Rosario al servicio de la campaña electoral.

Cabe consignar que con los votos obtenidos la UCR quedó a 50.000 votos de diferencia del socialismo rosarino siendo esta distancia toda una invitación a redoblar esfuerzos para recuperar la Intendencia de Rosario, un objetivo cada vez más cercano.

Los números rojos de la gestión municipal, un intendente más preocupado por su futuro personal que por la gestión local, la desidia y la inacción, la lectura en clave kichnerista del resultado electoral y la credibilidad en crisis a partir del apoyo socialista a la ley de medios k, constituyen indicadores de lo que vendrá para los rosarinos, pero también constituye toda una oportunidad para la construcción de una sana alternancia.

Estos tiempos de alegría que corren en nuestra centenaria fuerza política, ameritan una correcta lectura del resultado electoral, vigorizar la estructura partidaria, el diseño de un programa de gobierno municipal y fundamentalmente no distraer esfuerzos en cuestiones subalternas.

Cumpliendo aquello de hacer lo que se debe que nos legara Alem, sembrando esperanzas como nos enseñara Don Hipólito, con el ejemplo de Don Arturo y la consecuencia de Raúl Alfonsín, participando, trabajando, militando, un futuro promisorio asoma para el radicalismo en la ciudad de Rosario

domingo, 6 de septiembre de 2009

6 de septiembre de 1930: Un hecho que fue bisagra


Por Diego Barovero

Se conmemora un nuevo aniversario del acontecimiento que marcó la tónica de la segunda mitad del siglo XX en la República Argentina: el primer golpe de Estado, que derrocó el gobierno constitucional del presidente Hipólito Yrigoyen.

Yrigoyen había asumido por segunda vez el gobierno de la Nación con una mayoría abrumadora: había obtenido el doble de votos que sus adversarios.

Luego de la presidencia de Marcelo de Alvear, el anciano caudillo radical llegaba convencido que debía dar forma definitiva a la Reparación Nacional que se había insinuado de 1916 a 1922. Pero desde el día siguiente al inicio de su segundo mandato comenzó a tejerse una sorda conspiración que involucraba a los sectores del privilegio económico nacional e internacional, la prensa y sectores militares más reaccionarios.

La nota característica de la segunda presidencia yrigoyenista fue la lucha por la nacionalización del petróleo y la acción de YPF, bajo la dirección del general Enrique Mosconi.

En agosto de 1929 YPF toma el mercado petrolero interno y define el precio de suministro en detrimento de las grandes compañías a la vez que celebra un contrato con la empresa Iuyamtorg Corp. dedicada a realizar el intercambio comercial entre la Unión Soviética y América del Sur.

El contenido de dicho contrato consistía en que la Argentina comprara nafta a la Iuyamtorg y la empresa se comprometía a invertir lo percibido en productos argentinos derivados de la ganadería, la agricultura y la industria nacional, lo cual no produciría la fuga de oro del país.

La nafta soviética vendría a suplantar la importada sin molestar la producción de YPF y además el Estado argentino se reservaba la facultad de reducir la cantidad de nafta a importar si la producción de YPF aumentase y hasta la opción de rescindir el contrato si así le conviniera.

Las ventajas eran más que evidentes, el contrato con Iuyamtorg significaría un desalojo total de las compañías extranjeras, principalmente la norteamericana Standard Oil.

Pero para evitar el avance y penetración de la Standard Oil, se necesitaba la ley de nacionalización del petróleo, y de esta manera se aseguraba el país la propiedad de su riqueza, el monopolio de su explotación, transporte y comercialización.

La ley de nacionalización del petróleo -como otras iniciativas progresistas de Yrigoyen- había sido aprobada en Diputados pero sufrió la obstrucción de los conservadores en el Senado. Un testigo calificado cuenta que allá por el año 1928, antes de las elecciones le preguntaron a don Hipólito por qué quería ser nuevamente presidente, a lo que éste habría respondido: "Vuelvo por mi ley de petróleo".

Tamaña importancia le asignaba el viejo líder a la magnífica fuente de energía y riqueza que actualmente los argentinos dilapidamos en manos extranjeras sin control alguno.

La campaña de desestabilización y desprestigio de Yrigoyen y su administración hizo uso abusivo de la absoluta libertad de expresión y de prensa imperantes y adjudicó al presidente radical debilidad y falta de actividad. Sin embargo, en el bienio1928/1930 el Boletín Oficial acusa la producción de 2918 actos -Decretos- del Poder Ejecutivo y 8529 resoluciones ministeriales, sobre diversos temas de administración.

Los Decretos presidenciales se subdividen según el área de gobierno en:

Interior 316; Relaciones Exteriores y Culto 28, Hacienda 504, Obras Públicas 380, Agricultura 80, Justicia e Instrucción Pública 882, Guerra 550 y Marina 176. Es difícil creer que un presidente que en dos años produce casi tres mil decretos se encuentre en un estado de letargo o alelamiento.

Entre las medidas de gobierno más importantes se destacan la creación de más de seiscientas escuelas, la ley de creación del Banco Agrario, la ley de arrendamientos agrícolas, el decreto del Ferrocarril a Huaytiquina, el nuevo impulso a la Reforma Universitaria, haber sentado las bases de la Marina Mercante nacional y la creación de los institutos de la nutrición, del petróleo y del cáncer. En el plano de las relaciones internacionales ejerció la defensa de nuestra dignidad nacional por el valor soberano que emana de la autodeterminación de los pueblos y fomentó la confraternidad americana y mundial.

En septiembre de 1930 el producto bruto de nuestro país representaba el 50 por ciento del PBI de toda América latina. El domingo 7 de septiembre debían realizarse elecciones en Mendoza y San Juan para normalizar la situación de ambas provincias que estaban bajo la intervención federal, de las cuales surgirían gobernadores radicales y cuatro senadores que colocarían a la UCR yrigoyenista a sólo 1 voto de obtener mayoría en la cámara alta.

Pero un sonido metálico y siluetas marciales asomaron en Buenos Aires en la madrugada del sábado 6, sonido que puso fin a una época y cambió para siempre la historia argentina. Pero para peor.

dbarovero@yahoo.com.ar

(*) Vicepresidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano

martes, 1 de septiembre de 2009

A 120 años del mitín de la Juventud en el Jardín Florida


Conciudadanos:

Quiero, ante todo, saludaros con el mayor entusiasmo, y luego, de inmediato, pedir a esta altiva y generosa juventud que me perdone por el juicio que de ella me había formado, pues confieso que no hace muchos meses, y en una carta que dirigía a un antiguo y valeroso compañero de las luchas cívicas y actualmente en Europa, le expresaba la profunda decepción que me inspiraba la actitud de la juventud tratándose de la cosa pública.

Ya no hay jóvenes en la república -le decía; los ideales generosos, las iniciativas patrióticas no cuentan con su apoyo ni con su entusiasmo; los que se titulan jóvenes no lo son sino en la edad, porque cuando se les habla de la patria, de los sacrificios patrióticos o del cumplimiento de los derechos cívicos, reciben esas palabras con un solemne desprecio, considerando que tales asuntos sólo pueden preocupar la mente de los ilusos, de los líricos, cuando no dicen de los tontos; y agregan que en nuestros días la política ha cambiado de giro y que hay que ser más prácticos, adoptando otra política basada en el positivismo y titulándose, los que de tal manera piensan y proceden, hombres prácticos, grandes políticos, sabios y de talento.

Fue señores, en presencia de estos hechos que mi espíritu entrevió los grandes males que surgían del falseamiento de las instituciones, y que yo creía que la juventud miraba indiferente y por eso me expresaba en palabras tan amargas con respecto a la situación política del país.

Pero ahora, y en presencia de este movimiento reaccionario iniciado por la juventud, he comprendido mi error, y al comprenderlo me complazco en exhortar a esta misma juventud valiente y decidida, a continuar con orgullo la senda que señalaron con su sangre y con su ejemplo todos nuestros gloriosos antepasados!

¡Ah! Señores, nada satisface más íntimamente y retempla mejor el espíritu, que recordar con acentuada veneración los esfuerzos desinteresados y patrióticos de aquella juventud, que abandonando la cuna de sus más caras afecciones, cortando algunos el curso de sus carreras universitarias, y despreciando todos sus intereses personales, corría, llena de bríos y de santo patriotismo, a formar en las filas del ejército, que se coronaba de gloria en las batallas libradas por la libertad y el honor nacional!

Yo nunca olvidaré la noble y altiva conducta de la juventud argentina, cuando corrió presurosa hasta los campos sangrientos del Paraguay; y allí, entre los fulgores rojizos del combate exterminador, cada joven luchaba heroicamente y moría con sonrisa plácida, saludando con su última mirada las fajas gloriosas de nuestra bandera!

Y bien, señores; al terminar, os confieso que mi corazón se llena de alegría en presencia de este movimiento varonil, noble y levantado de la juventud, que así demuestra que posee la más grande cualidad del hombre: el carácter.

Conservadlo siempre puro, moral y justiciero; no desfallescais en esta grande obra que iniciais llena de fe y de entusiasmo, y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre joven de largas barbas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de los primeros años!

Discurso de Leandro N. Alem