martes, 4 de febrero de 2014

Las calles de Lisboa






de Fernando Pessoa (*)

... En ciertos momentos muy claros de la meditación, como aquellos en que, al principio de la tarde, vago observador por las calles, cada persona me trae una noticia, cada casa me ofrece una novedad, cada letrero contiene un aviso para mí. Mi paseo callado es una conversación continua, y todos nosotros, hombres, casas, piedras, letreros y cielo, somos una gran multitud amiga, que se codea con palabras en la gran procesión del Destino. ...

... En la niebla leve de la mañana de media-primavera, la baja despierta entorpecida y el sol nace como con lentitud. Hay una alegría sosegada en el aire con mitad de frío, y la vida, al soplo de la brisa que no hay, tirita vagamente por el frío que ya ha pasado, por el recuerdo del frío más que por el frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo. No han abierto todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero el reposo no es de torpor, como el del domingo; es tan sólo de reposo. Un rastro rubio se antecede en el aire que se revela, y el azul se colorea pálidamente a través de la bruma que se extingue. El movimiento comienza poco a poco por las calles, destaca la separación de los peatones, y en las pocas ventanas abiertas, madrugan también apariciones. Los tranvías trazan a medio-aire su surco móvil amarillo y numerado. Y, de minuto en minuto, sensiblemente, las calles se desdesiertan. ...

... Amo estas plazuelas solitarias, intercaladas entre calles de poco tránsito, y sin más tránsito, ellas mismas, que las calles. Son claros inútiles, cosas que esperan, entre tumultos distantes. Son de aldea en la ciudad. Paso por ellas, subo a cualquiera de las calles que afluyen a ellas, después bajo de nuevo esa calle, para regresar a ellas. Vista desde el otro lado es diferente, pero la misma paz deja dorarse de añoranza súbita -sol en el ocaso- el lado que no había visto a la ida. ...

... Definió César toda la estatura de la ambición cuando dijo aquellas palabras: "¡Antes el primero en la aldea que el segundo en Roma!". Yo no soy nada ni en la aldea ni en Roma ninguna. Por lo menos, el tendero de la esquina es respetado desde la calle de la Asunción hasta la calle de la Victoria; es el César de una manzana. ¿Yo superior a él? ¿En qué, si la nada no admite superioridad, ni inferioridad, ni comparación? ...

... Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella -el bullicio- en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan [...] la vida evidente y unánime. ...

... De algún modo trato de dar la impresión de lo que siento, mezcla de varias especies de yo y de calle ajena, que, por lo que veo, también de un modo íntimo que no sé analizar, me pertenece, forma parte de mí. ...

... El silencio que sale del ruido de la lluvia se extiende, en un crescendo de monotonía cenicienta, por la calle estrecha que miro. Estoy durmiendo despierto, de pie contra la vidriera, en la que me recuesto como en todo. Busco en mí qué sensaciones son las que tengo ante este caer deshilachado de agua sombríamente luminosa que se destaca de las fachadas sucias y, aún más, de las ventanas abiertas. ...

... Son las calles antiguas con otra gente, hoy las mismas calles diferentes; son personas muertas que me están hablando, a través de la transparencia de la falta de ellas hoy; son remordimientos de lo que hice o no hice, ruidos de regatos de noche, ruidos allá abajo, en la casa quieta. ...

... Bajando hoy por la Calle Nueva de Almada, me fijé de repente en la espalda del hombre que bajaba delante de mí. Era la espalda vulgar de un hombre cualquiera, la chaqueta de un traje modesto en una espalda de transeúnte ocasional. Llevaba una cartera vieja bajo el brazo izquierdo, y ponía en el suelo, al ritmo de ir andando, un paraguas cerrado, que cogía por el puño con la mano derecha. Sentí de repente por aquel hombre algo parecido a la ternura. Sentí en él la ternura que se siente por la común vulgaridad humana, por lo trivial cotidiano del cabeza de familia que va a trabajar, por su hogar humilde y alegre, por los placeres alegres y tristes de que forzosamente se compone su vida, por la inocencia de vivir sin analizar, por la naturaleza animal de aquella espalda vestida. ...

... Paso por una calle y estoy viendo en la cara de los transeúntes, no la expresión que realmente tienen, sino la expresión que tendrían para conmigo si conociesen mi vida, y cómo soy yo, si se transparentase en mis gestos y en mi rostro la ridícula y tímida anormalidad de mi alma. En ojos que no miran, sospecho burlas que encuentro naturales, dirigidas contra la excepción inelegante que soy entre un montón de gente que hace y goza; y en el fondo supuesto de fisonomías que pasan, carcajadas de la tímida gesticulación de mi vida. ...

... Sigo a veces -sin envidia ni deseo- a las parejas ocasionales que la tarde junta y caminan del brazo hacia la conciencia inconsciente de la juventud. Disfruto de ellos como disfruto de una verdad, sin pensar si tiene o no que ver conmigo. ....

(*) del Libro del desasosiego

sábado, 1 de febrero de 2014

El Viajero






Fragmento de Soledades (1899 - 1907)

de Antonio Machado


He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatros palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.


martes, 10 de diciembre de 2013

#30AñosDeDemocracia






“Compatriotas: Iniciamos todos hoy una etapa nueva de la Argentina. Iniciamos una etapa que sin duda será difícil, porque tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina."

”Sabemos que son momentos duros y difíciles, pero no tenemos una sola duda, vamos a arrancar los argentinos, vamos a salir adelante, vamos a hacer el país que nos merecemos. Y lo vamos a poder hacer, no por obra y gracia de gobernantes iluminados sino por esto que la plaza está cantando, porque el pueblo unido jamás será vencido.

”Una feliz circunstancia ha querido que este día en que los argentinos comenzamos esta etapa de 100 años de libertad, de paz y de democracia, sea el Día de los Derechos Humanos. Y queremos, en consecuencia, comprometernos una vez más: vamos a trabajar categórica y decisivamente por la dignidad del hombre, al que sabemos hay que darle libertad, pero también justicia, porque la defensa de los derechos humanos no se agota en la preservación de la vida, sino además también en el combate que estamos absolutamente decididos a librar contra la miseria y la pobreza en nuestra Nación."

”Este es un saludo nada más, y no hubiera sido completa la fiesta de la democracia argentina –por lo menos para mí- si no hubiera contado con la posibilidad de encontrarme nuevamente con ustedes para ratificar una vez más que soy el servidor de todos, el más humilde de los argentinos."

”Me comprometo nuevamente a trabajar junto con todos ustedes para concretar los objetivos que hemos pregonado por toda la extensión de la geografía argentina, y hacer ciertos esos objetivos que los hombres que nos dieron la nacionalidad nos presentan como un mandato que ahora sabemos está al alcance de nuestras manos."

”Entre todos vamos a constituir la unión nacional, consolidar la paz interior, afianzar la justicia, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino”.

Discurso pronunciado por el Presidente de la Nación Dr. Raúl Ricardo Alfonsín el 10 de diciembre de 1983 desde los balcones del Cabildo, en la ciudad autónoma de Buenos Aires.

martes, 12 de noviembre de 2013

Muchas veces soñé curiosos sueños (*)





Muchas veces soñé curiosos sueños
que asomados al mundo del camino,
intentaron vivir fugaz destino
soñándose ya libres y sin dueños.
 
Uno una vez atravesó el espejo
buscando el escondite del olvido,
otro soñó en la infancia de los viejos
la vejez soterrada de los niños.
 
El más audaz enloquecido y ciego,
vió la pasión al borde del abismo
soñando los amores de otro sueño.
 
Pero al final volvieron y están quietos,
todos aquí a mi lado, ya dormidos,

por soñar otra vez que están despiertos.


(*) letra del Cuchi Leguizamón



domingo, 15 de septiembre de 2013

Un fogonazo de lucidez para cambiar mi vida para siempre




por Jorge Fernández Díaz (*)
Después de treinta y tres días de coma y desintegración física, mi padre tuvo la precaución de morirse. Aturdido por una tristeza demoledora, fui llevado por enfermeros a reconocerlo. Estaba destrozado, sobre la camilla última, y cuando lo vi me imaginé a mí mismo dormido para siempre, y a mi hijo parado donde yo estaba contemplándome con dolor. Fue durante ese preciso instante, dentro de ese fogonazo de lucidez (yo soy el próximo, pensé), en que decidí cambiar mi vida. La sensación de finitud, tantas veces racionalizada, me bajó por fin al cuerpo, y recontratar todo para seguir adelante de manera más plena se transformó en una desesperante misión. Tenía 45 años y aunque me creía único, no me ocurría en verdad nada distinto a lo que les sucede a miles y miles de hombres y mujeres que ingresan por diferentes razones en esa segunda adolescencia, en ese revoltijo existencial, en esa crisis de la mediana edad donde muchas cosas vuelcan.
Esta angustiante entrada en boxes, que tanto registran los consultorios psicológicos y las sesiones de couching empresarial, sucede a menudo por un duelo, un estrés, un crac emocional, un desengaño, un enamoramiento prohibido. También por algo menos traumático, como es la simple constatación de que, aunque maravilloso, estamos trabajando en un lugar equivocado. O que vivimos un inespecífico pero agudo malestar crónico. Woody Allen no ha dejado de escribir distintos desenlaces y vicisitudes de la misma situación: personas atrapadas en vidas falsamente satisfactorias. Prisioneros de jaulas doradas. Es que a veces nos pasamos la vida levantando, ladrillo a ladrillo, nuestra casa soñada, sin darnos cuenta de que estamos edificando nuestra penitenciaría. He escuchado cientos de historias sobre hombres y mujeres que tienen todo lo idealizado, y que a esa edad crítica se miran un minuto desde afuera y descubren con asombro que se han convertido en perfectos desconocidos. Muchos perciben que han traicionado su verdadera vocación, otros que han cedido demasiado a los deseos de los demás, y algunos que el amor vino con fecha de vencimiento, y que venció. Es cuando la tierra tiembla, cuando hay que bajar al sótano de nuestro inconsciente con los ojos bien abiertos y mirar lo que tanto temíamos. Cuando hay que cuestionar hasta lo incuestionable.
Se trata de un río torrentoso y hay que vadearlo, amigos. Algunos prisioneros no pueden, retroceden a la orilla y siguen con su frustración redimensionando sus metas y abrazándose a señuelos. Otros cruzan, mojándose hasta el cuello, y salen del otro lado y emprenden la segunda vida. Ese capítulo fascinante donde volvemos a creer en lo que hacemos, donde volvemos a amar después de haber amado y donde priorizamos los disparos: ya no tenemos una ametralladora, el parque está exhausto y ahora vamos tiro a tiro.

Mi padre no podía prever que su muerte iba a cambiar mi vida. Tal vez si lo hubiera sabido no se habría muerto. Pero estoy agradecido con esa última lección que me dejó un hombre que siempre fue libre, y que al irse me liberó de mí mismo.

(*) publicado en Diario La Nación

martes, 20 de agosto de 2013

Poema de amor para nadie en particular





Déjame tocarte con mis palabras
ya que mis manos yacen inertes
como guantes vacíos.
Deja que mis palabra
acaricien tú cabello
se deslicen por tú espalda
y te cosquilleen el vientre.
Ya que mis manos,
tan livianas y aladas como ladrillos
ignoran mis deseos
y se rehúsan tercamente
a realizar mis más
silenciosos deseos.
Deja que mis palabras
entren en tú mente
portando antorchas
déjalas entrar
voluntariamente a tú ser
para que te acaricien
suavemente desde adentro.

Poema tomado del film "Las sesiones" y googleado que fuera, la autoría del mismo corresponde a Mark O'Brien

El adiós





Apenas conocía a Miguel
Era un hombre demasiado discreto,
un hombre que se ignora
como a los seres buenos y nobles,
aquéllos que son incapaces de llegar a un acuerdo
con el temor que tienen a la incomprensión,
al temor a la ausencia de bondad en este mundo
y a la mentira,
porque saben de antemano que es una lucha perdida
y que el derrotado cubre de vergüenza su venganza.
No hay muchos hombres así,
Miguel era uno de ellos.
Estoy aquí para rendirle el homenaje oficial,
está el reconocimiento del Estado
y la pérdida de un hombre,
el vacío que deja atrás,
su ausencia, eso teje lazos insospechados, Miguel adiós.

Fragmento del film "El Ministro" adaptado ante la partida de Miguel Tombetta