No me llores si la muerte
cava un abismo entre los dos
llórame si por quererte
llego a olvidarme hasta de Dios
ausente de ti, Tu dulce amor
me dice adiós
Si el capricho de la suerte
me deparó tan triste fin
para mí la misma muerte
será mi hermoso verde jardín
allí brotará, mi pobre amor
blanco jazmín.
No me pagarás cien vidas que me des
la muerte que me das
abandonado de tu amor
lejos de ti moriré
Ahogando un nombre en mi dolor
¡Bolivia! Ha de cantar
en mi estertor
¡Bolivia! Repetir
después morir, morir.
Y si pasas algún día
junto al lugar de mi pasión
ne te olvides, vida mía
de recoger aquella flor
préndela en tu sien, corona es
de fiel amor.
Cuenta a todos mi amargura
hecha en la tumba blancura en flor
que decora la llanura
de la chaqueña desolación
allí el Boquerón, junto a una cruz
esta esa flor.
No me pagarás cien vidas que me des
la muerte que me das
abandonado de tu amor
lejos de ti moriré
Nunca más ya podre verte
amarga tierra de ingratitud
por amarte y por quererte
tronchó la muerte mi juventud
y a extraño poder te llevarás
mi flor de amor.
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sábado, 28 de noviembre de 2015
Boquerón (*)
martes, 17 de febrero de 2015
Cristales de bohemia (*)
Vine a Praga a romper esta
canción
por motivos que no voy a explicarte,
a orillas del Moldava
las olas me empujaban
a dejarte por darte la razón.
En el Puente de Carlos aprendí
a rimar cicatriz con epidemia,
perdiendo los modales:
si hay que pisar cristales,
que sean de bohemia, corazón.
Ay! Praga, Praga… Praga
donde el amor naufraga
en un acordeón.
Ay! Praga, darling, Praga
los condenados pagan
cara su rendeción.
Ay, Praga, Praga, Praga,
dos dedos en la llaga
y un santo en el desván.
Ay! Praga, darling, Praga,
la luna es una daga
manchada de alquitrán.
Vine a Praga a fundar una ciudad
una noche a las diez de la mañana,
subiendo a Mala Strana,
quemando tu bandera
en la frontera de la soledad.
Otra vez a volvernos del revés,
a olvidarte otra vez en cada esquina,
bailando entre las ruinas
por desamor al arte
de regarte las plantas de los pies.
Ay! Praga, Praga… Praga
donde el amor naufraga
en un acordeón.
Ay! Praga, darling, Praga
los condenados pagan
cara su salvación.
Ay! Praga, Praga… Praga
donde la nieve apaga
las ascuas del tablao.
Ay! Praga, darling, Praga
lágrima que se enjuaga
en Plaza Wenceslao.
Ay, Praga, Praga, Praga,
dos dedos en la llaga
y un santo en el desván.
Ay! Praga, darling, Praga,
la luna es una daga
manchada de alquitrán.
(*) de Joaquín Sabina
lunes, 9 de febrero de 2015
Caballo de cartón (*)
Cada mañana bostezas,
amenazas al despertador
y te levantas gruñendo
cuando todavía duerme el sol,
mínima tregua en el bar,
café con dos de azúcar y croissant,
el metro huele a podrido,
carne de cañón y soledad.
Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal,
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?
Cuando la ciudad pinte sus labios de neón
subirás en mi caballo de cartón.
Me podrán robar tus días… tus noches no.
Que buena estás corazón,
cuando pasas grita el albañil
el obseso del vagón se toca mientras piensa en tí,
la voz de tu jefe brama
“estas no son horas de llegar”
mientras tus manos archivan tu mente empieza a navegar.
Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal,
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?
Cuando la ciudad pinte sus labios de neón
subirás en mi caballo de cartón.
Me podrán robar tus días… tus noches no.
Ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador,
danza de trajes sin cuerpo al obsceno ritmo del vagón,
hace siglos que pensaron:
“las cosas mañana irán mejor”
es pronto para el deseo y muy tarde para el amor.
Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal,
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?
Cuando la ciudad pinte sus labios de neón
subirás en mi caballo de cartón.
Me podrán robar tus días… tus noches no.
(*) de Joaquín Sabina
martes, 25 de noviembre de 2014
Fragmentos de El Gran Pez
“Espectro”, el paraíso
- Edward: Hay momentos en los
que un hombre
razonable debe tragarse su orgullo y reconocer que ha metido la pata. Pero lo cierto
es que yo nunca he sido un hombre razonable. Y lo que
recuerdo del catecismo es que cuanto más difícil es algo,
mayor es la recompensa.
- Beamen: ¡Amigo! ¡Bienvenido! ¿Cómo se llama?
Edward Edward Bloom
- Beamen: ¿Bloom con '' B'' de bombilla?
- Edward: Sí.
- Beamen: ¡Aquí está!
¡Edward Bloom! No le esperábamos tan pronto.
- Edward: ¿Me esperaban?
- Beamen: Tan pronto no.
- Mildred: Habrá cogido un atajo.
- Edward: Sí, casi muero en el intento. Cosas de la vida. La verdad es que el camino largo es más
sencillo pero más largo. Mucho más largo.
- Beamen: Pero ya está aquí, que es lo que importa.
- Edward: ¿Dónde estoy?
- Edward: ¿El poeta? ¿Qué es de él?
- Edward: He quedado. Llego tarde.
- Beamen: Ya se lo he dicho. Ha llegado pronto.
- Beamen: ¿No es el mejor pastel que ha probado?
- Edward: Desde luego.
- Norther: Aquí todo sabe mejor. Hasta el agua es dulce. No tenemos ni mucho calor, ni mucho frío, ni mucha humedad. Y por la noche, cuando el viento sopla entre los árboles es como si sonara una sinfonía sólo para ti.
- Edward: ¿Dónde estoy?
- Beamen: En Espectro. ¡El secreto mejor guardado de Alabama! Aquí dice que es de Ashton, ¿no? El último que vino de Ashton fue Norther Winslow.
- Edward: ¿El poeta? ¿Qué es de él?
- Beamen: Aquí sigue. Le invito a una copa, y le cuento. ¿Qué digo?
¡Que se lo cuente él mismo!
- Edward: He quedado. Llego tarde.
- Beamen: Ya se lo he dicho. Ha llegado pronto.
- Beamen: ¿No es el mejor pastel que ha probado?
- Edward: Desde luego.
- Norther: Aquí todo sabe mejor. Hasta el agua es dulce. No tenemos ni mucho calor, ni mucho frío, ni mucha humedad. Y por la noche, cuando el viento sopla entre los árboles es como si sonara una sinfonía sólo para ti.
- Edward: ¡Me hacen falta! Nuestra tierra es blanda, al pisarla. Casi rima. Es nuestro célebre poeta. Venga. Accedí a quedarme un rato,aunque sólo fuera para
comprender cómo un sitio podía resultar tan extraño y
familiar al mismo tiempo.
- Norther: Llevo 12 años con este poema.
- Edward: ¿En serio?
- Norther: Se espera mucho de mí. No quiero defraudar a mis admiradores.
- Edward: ¿Puedo? (Ve que en la libreta está escrito: “la hierba es tan verde, el cielo tan azúl. Espectro es genial¨)
- Edward: Sólo son tres versos.
- Norther: ¡Nunca hay que enseñar una obra inacabada!
(Más tarde, Edward se interna en el río. Ve en el río a una mujer desnuda,
iluminada por la luna. Una víbora va nadando en dirección a la mujer. Edward
se pone a nadar frenéticamente hacia ella. Logra coger la serpiente)
- Edward: ¡Ya la tengo!
(La mujer se zambulle en el agua y desaparece. Edward se da cuenta que la
serpiente es en realidad un tronco. Jenny llama a Edward)
- Jenny: Hay sanguijuelas ahí dentro.
- Edward: ¿Has visto a esa mujer?
- Jenny: ¿Qué aspecto tenía? Edward Bueno, estaba...
- Jenny: ¿Estaba desnuda? Edward Sí.
- Edward: ¡Vaya!
- Jenny: ¿Cuántos años tienes?
- Edward: 18.
- Edward: Se te dan bien los números.
- Edward: Ahora sí se nota un poco, ¿no?
- Mildred: Todas lo creemos.
- Edward: ¿Qué?
- Edward: Que eres un buen partido.
- Edward: Tengo que irme. Esta noche.
- Beamen: ¿Por qué?
- Beamen: ¡Nadie se ha ido jamás!
- Jenny: ¿Cómo vas a irte sin zapatos?
- Edward: Supongo que va a ser duro. Muy duro. Bueno, lo siento. Adiós.
- Beamen: ¡No encontrarás un sitio mejor!
- Edward: Cuento con ello.
- Jenny: Prométeme que volverás.
- Edward: Te lo prometo. Algún día. Cuando deba hacerlo.
- Jenny: ¿Qué aspecto tenía? Edward Bueno, estaba...
- Jenny: ¿Estaba desnuda? Edward Sí.
- Jenny: No es una mujer. Es un pez. Nadie ha podido pescarlo. A
cada uno le parece una cosa. Según mi padre, se parece
al perro que tenía de pequeño, resucitado de entre los
muertos.
- Edward: ¡Vaya!
- Jenny: ¿Cuántos años tienes?
- Edward: 18.
- Jenny: Yo, 8. Cuando yo tenga 18, tú tendrás 28. Y, cuando yo tenga 28, tú sólo tendrás 38.
- Edward: Se te dan bien los números.
- Jenny: Y, cuando yo tenga 38, tú tendrás 48. No hay mucha
diferencia.
- Edward: Ahora sí se nota un poco, ¿no?
(Baile en el pueblo, iluminado por los faroles. Sacan a Edward a bailar. Norther,
rodeado de chicas, recita)
- Norther: “Las rosas son rojas. Las violetas, azules. Me encanta
Espectro”. Perdonad.
- Mildred: Todas lo creemos.
- Edward: ¿Qué?
- Edward: Que eres un buen partido.
- Edward: Tengo que irme. Esta noche.
- Beamen: ¿Por qué?
- Edward: Nadie podría pedir un pueblo mejor que éste. Y, si al final
me quedara aquí, sería afortunado. Pero aún no estoy
preparado para quedarme en ninguna parte.
- Beamen: ¡Nadie se ha ido jamás!
- Jenny: ¿Cómo vas a irte sin zapatos?
- Edward: Supongo que va a ser duro. Muy duro. Bueno, lo siento. Adiós.
- Beamen: ¡No encontrarás un sitio mejor!
- Edward: Cuento con ello.
- Jenny: Prométeme que volverás.
- Edward: Te lo prometo. Algún día. Cuando deba hacerlo.
lunes, 8 de septiembre de 2014
A quien duda
por Bertolt Brecht
Dices que nos va mal. La oscuridad
crece. Las fuerzas flaquean.
Después de trabajar tantos años
nos encontramos ahora en una situación
más difícil que cuando
comenzamos.
El enemigo es ahora
aún más fuerte que nunca.
Parece que ha crecido su fuerza. Ha cobrado
una apariencia de invencibilidad.
Mientras que nosotros hemos cometido errores,
es inútil negarlo.
Cada vez somos menos. Nuestras
consignas son confusas. Una parte
de nuestras palabras
ha sido tergiversada por el enemigo hasta convertirla en
irreconocible.
aún más fuerte que nunca.
Parece que ha crecido su fuerza. Ha cobrado
una apariencia de invencibilidad.
Mientras que nosotros hemos cometido errores,
es inútil negarlo.
Cada vez somos menos. Nuestras
consignas son confusas. Una parte
de nuestras palabras
ha sido tergiversada por el enemigo hasta convertirla en
irreconocible.
¿Qué es erróneo, falso, de todo aquello que hemos dicho?
¿Una parte o todo?
¿Con quién contamos todavía?
¿Somos supervivientes, arrastrados
por la corriente? Quedaremos rezagados, sin
comprender ya a nadie, incomprendidos por todos.
¿Una parte o todo?
¿Con quién contamos todavía?
¿Somos supervivientes, arrastrados
por la corriente? Quedaremos rezagados, sin
comprender ya a nadie, incomprendidos por todos.
¿O podemos contar con la buena fortuna?
Esto preguntas. No esperes
otra respuesta que no sea la tuya.
otra respuesta que no sea la tuya.
sábado, 26 de julio de 2014
La noche
de Alejandra Pizarnik
Poco sé de la noche
pero la noche parece saber de mí,
y más aún, me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre ella nada
y los seres que la viven nada.
Tal vez las palabras sean lo único que existe
Tal vez las palabras sean lo único que existe
en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de conocer la miseria
que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar odio a nuestras miradas
sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima inmensa delira
y grita que algo se fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
jueves, 17 de julio de 2014
Montevideo
de Eduardo Galeano (*)
Al caminar, escribo. En un paseo, las palabras se buscan unas a otras y se encuentran unas a otras y tejen historias que yo después escribo a mano en papel. Esas páginas nunca son las finales. Tacho y arrugo, arrugo y tacho en busca de las palabras que merezcan existir: palabras efímeras que ansían sobreponerse al silencio.
Nacida en la trayectoria de una bala de cañón, Montevideo es barrida por brisas que limpian el aire. Antes de que hubiera allí una iglesia o un hospital, esta punta de roca, arena y tierra tuvo un café. Lo llamaban una pulpería, la primera casa con una puerta de madera en medio de chozas de lodo y paja. Vendían de todo allí, desde una aguja y una sartén hasta un paquete de tabaco, mientras los hombres sentados en el suelo bebían vino y contaban mentiras.
Prácticamente tres siglos después, Montevideo todavía es una ciudad de cafés.
No preguntamos ¿dónde vives?, más bien, ¿a qué café vas?
Pero en el mundo de nuestros tiempos apenas hay tiempo para perder el tiempo, y los cafés más viejos, los más entrañables, no merecen existir porque no pueden sacar una ganancia.
Yo voy al Café Brasilero, el cual milagrosamente todavía vive.
Este es el último de los antiguos lugares de reunión donde aprendí el arte de contar historias al escuchar a los mentirosos que, al mentir, decían la verdad.
El café fue mi universidad.
Nunca supe los nombres de esos magos que podían hacer suceder lo que nunca sucedió cuando lo contaban.
De esos maestros, de su discurso parsimonioso, su andar tranquilo, aprendí mientras fingía no hacerlo, mirando por la ventana a un “Ford con patillas”, como llamábamos a los varios modelos T que cruzaban las calles de Montevideo a paso de tortuga. Todavía lo hacen, sobrevivientes inexplicables que pueden verse en nuestra ciudad y en ninguna otra parte: impasibles, altaneras piezas de museo, indiferentes a los vehículos de hoy que devoran a un paso vertiginoso las horas y el aire.
Hay quienes dicen que Montevideo es una ciudad aburrida.
Tal vez estén en lo cierto.
Nada sucede aquí.
La nostalgia vence a la esperanza.
En un bostezo, puedes perder dos tías.
Pero esta también es la capital de un país gobernado por guerrilleros liberados de prisión y elegidos democráticamente, y es la ciudad que produce la mayoría de expertos que filosofan sobre todo y nada, la ciudad con los teatros más independientes y los cines más poco comerciales, incluido el primero en presentar a Bergman y Polanski, la ciudad que celebra el carnaval más largo del mundo, y la que produce la mayoría de jugadores de fútbol, porque aquí todo bebé nace gritando gol.
Montevideo, la ciudad donde nací.
La ciudad donde volveré a nacer.
(*) Fragmento de su libro "Los hijos de los días".
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