sábado, 12 de septiembre de 2026

Recuerdo eterno




(*) Agustina Vila

(**) Ganadora del 13er. concurso literario

   nacional del Centro ¨Ana Frank¨ - 2021


Todos los dias desde hace 50 años suelo ir a un bar característico de mi amada ciudad, El Cairo, siempre pido lo mismo, un cortado con dos criollitos, los mozos saben que jamás cambio mi orden, que no soy un hombre de experimentar, es más, podría decir que soy la representación de la constancia, y que por eso mismo recuerdo muy bien las cosas que han desacomodado mi vida.

Es más, escribo esto para nunca olvidar aquella persona que me cambió la vida, ya que el médico me diagnosticó con alzheimer, dijo que escriba, que anote mis canciones favoritas aquellas que me traerían recuerdos, tal vez llegue a un punto donde ni yo sepa quien fue el hombre que escribió esas memorias pero por ahora me limito a contar la historia de la mujer que tanto amé, amo y amaré incluso aunque no tenga noción de mi propio nombre. Ojalá algún día ella también pueda leer esto.

Fue un día de verano, lunes 17 de enero de 1976, la humedad característica de Rosario, las charlas típicas de un bar, el olor a café que se mezclaba con el humo del cigarrillo, todo tan corriente; hasta que siento un perfume penetrante, de esos cítricos que yo solía detestar; no le presté atención, estaba por empezar a comer mi criollito hasta que siento que unas manos con textura de terciopelo toman mi muñeca, y cuando miro, ahí estaba ella, con su pelo oscuro como la noche, sus pequeños lunares que parecían estrellas en el cielo de su piel blanca como las nubes; quede inmutado por su belleza, y ella atino a sonreír, suavemente sin siquiera mostrar ni un poco de dentadura, mi reacción fue preguntarle si la conocía o simplemente tomó a la persona incorrecta, a lo que su respuesta fue "para vos voy a ser Carmen, la que toma el café con vos los lunes, solo quiero que me digas un nombre con el cual llamarte, pero que ese nombre no sea con el que te llamen todos", yo aún intentando entender la jugada, simplemente me sale seguirle la corriente, le digo que me llame Emilio, e inmediatamente ella llama al mozo, pidió una lágrima con tres de azúcar y medialunas dulces, absolutamente todo lo contrario a mí, que mientras mas lejos el azúcar mejor. Recuerdo que eran alrededor de las 10:00, tuvimos una charla muy trivial, pero nunca supe si Carmen decía la verdad en las respuestas que le daba a mis preguntas, al terminar su desayuno, sacó un block de notas rosado como el color de sus uñas, y anotó "todos los lunes a las 9:30 en el bar -Carmen".

Ese día volví a mi casa sin poder creer lo que habia pasado, y así fueron mis lunes por casi tres meses; en marzo se declaró la dictadura militar, ya no se podía salir con total libertad, menos a un bar, por lo tanto Carmen decidió que invitarme a su casa a desayunar sería una gran idea, y así fue, por largos meses, hasta que me anime a que Carmen visite mi casa, y así fue por mucho tiempo, todos los lunes a las 9:30, hasta que un día Carmen no llegó. Fui a su casa pero nadie contesto, le pregunte a los vecinos y me dijeron que la última vez que la vieron fue el día anterior, domingo, yendo a la casa de su hermana María, gracias a una vecina conseguí la dirección, fui a hablar con María a lo que ella me comenta que Carmen o "geronima" su real nombre, estaba embarazada, con mucha ilusión de que yo lo supiera ella volvió a su casa pero al parecer nunca eso no pasó. He movido cielo y tierra para encontrarla, pero hasta pareciera nunca haber existido, no dejó rastro alguno, busque en todas las comisarías, hospitales y cementerios. Nadie sabía nada, ella simplemente se esfumó con nuestro hijo dentro de su cuerpo, unos meses después, me dijeron que la vieron, de esos pocos que podían salvarse de los centros clandestinos de detención, me contó que Carmen ya parió y que le quitaron a nuestro hijo de sus propias manos apenas nació. Como ella ya no les servía más abusaron de su cuerpo, la torturaron y se la llevaron. Muchos me dicen que la olvide, que seguro la han tirado al mar, que jamás voy a encontrarla, pero Carmen me gustaría que sepas que yo aún te espero, que todavía estoy

buscando a nuestro hijo, él ya tendría 44 años, quizás hasta ya somos abuelos Carmen. La dictadura ya ha terminado, te espero en nuestro bar con tu lágrima y tus medialunas. Extraño tu olor cítrico y tus lunares, me he vuelto un hombre que no hace nada mas que esperarte a las 9:30 de cada lunes en el café sigo teniendo esperanzas de que algun día cruzaras esas puertas que doblan tu tamaño, quizas con tu pelo negro bañado en canas y nuevas arrugas en tu cara. Te quiero y te voy a querer siempre incluso si esta enfermedad intentase arrebatarte de mi mente no podría, porque mi amor por vos es lo único que me permite seguir con vida, te espero en el lugar de siempre.

Emilio.

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