lunes, 24 de septiembre de 2012

Revolución Radical en Rosario (23.09.1893)



“… el 30 de agosto una revolución en Tucumán y en seguida otra en Santa Fe. … Alem corre a Rosario, a prestarle su presencia. En Santa Fe la revolución se impone. … Batallones  de línea se dirigen contra ella. Los pocos buques de escuadra –la cañonera “Murature” que sublevó el fogoso coronel Espina-, plegados a la revolución se tienen que entregar. Seis mil radicales mal armados, sin disciplina, sin jefes militares, no pueden resistir a las tropas de linea que Roca, Levalle, Winter, bosch y otros generales, llevan contra ellos. Alem ordena el desarme. El ejercito presidencial entra en Rosario, Alem cae preso. En las declaraciones, hidalgo siempre, asume la responsabilidad por entero.  …”

El autor, tras caracterizar a Hipólito Yrigoyen “por su capacidad de conspirador, lento, silencioso, sugestionante, preciso, ordenado. Politicamente una fuerza nacional” consigna que el sobrino de Alem “no estuvo de acuerdo con esta revolución por considerarla impremeditada y sin fuerzas, va a ser vencida”

Vencida la revolución en todo el país, las tropas del gobierno nacional, al mando del general Roca se concentraron sobre Rosario y Alem. El buque revolucionario "Los Andes" salió a enfrentar los buques que traían el ejército leal por el río Paraná; en el combate fue hundido por el acorazado Independencia y la cañonera Espora.
La situación de Leandro Alem se volvió desesperada. Roca amenazó con bombardear la ciudad si los revolucionarios no se rendían. Haciendo gala de su intransigencia, Alem decidió inicialmente resistir a todo trance, pero las mujeres y las comisiones de vecinos le piden que salve a la Ciudad. Alem decidió entonces no combatir y permitir que las tropas del gobierno reconquisten Rosario. El 1ero. de octubre Alem fue capturado y encerrado con cientos de revolucionarios. "Que valiente este pueblo del Rosario", se le oye musitar "... Acá nadie se ha rendido, ni nada se ha perdido: Cada uno a su casa, guardando bien las armas", fue el consejo final que les daba a sus combatientes. Permanecerá preso durante 6 meses.

Fuentes:

Fragmento del libro: “Leandro N. Alem” de Alvaro Yunque


domingo, 23 de septiembre de 2012

Pensamientos de Honorio Pueyrredón


a 67 años de su deceso

-"El Radicalismo no es, como he dicho, una fuerza puramente electiva y por consiguiente, un puente para llegar a las distintas posiciones; es una religión de sacrificios. Al incorporarnos a este partido, tenemos que dejar en los umbrales nuestras ambiciones personales, mucho de lo que podríamos utilizar si fuéramos libres. Esa es la disciplina que el pueblo quiere. El pueblo, en la simplicidad, pero en la profunda penetración de su psicología, nos juzga a cada uno de nosotros y de nuestra conducta privada deduce nuestra conducta política".- (Discurso ante la Honorable Convención Nacional 29-5-39).

-"El Radicalismo es moral; es el cristianismo de la política.".- (Discurso a su llegada a la Dársena Sud, luego de su deportación 25-2-1932).

-"Hoy el Partido Radical, que se ha tonificado siempre "en la intemperie", está más poderoso que nunca. Y si la libertad en la Argentina es efectiva, nuestro partido ser el intérprete de la voluntad de la inmensa mayoría de los argentinos, voluntad que hará triunfar de extremo a extremo de la República".- (Reportaje publicado en el diario "El Día" de Montevideo, Uruguay 27-2-1932).

-"El partido debe constituir núcleos múltiples de hombres capacitados, que los tiene como ningún otro en sus filas, para que cada núcleo, atenta y permanentemente se ocupe del estudio y dilucidación de los problemas que impliquen las exigencias de la vida pública. No podemos esperar nuestra llegada a las esferas del gobierno - al gobierno mismo - para decir lo que pensamos sobre sus diferentes problemas. Debemos decirlo desde aquí, debemos estudiarlos en el llano, donde no hay ninguna de las cortapisas con que tropiezan los poderes públicos y debemos marcar perfectos rumbos a la colectividad argentina dentro del sentir y del pensamiento político... Y bien señores, ese y mil otros hechos que están en la conciencia de cada uno de nosotros están marcando a los Radicales el derrotero, una línea a seguir. Esa línea no comienza de aquí para adelante; esa línea viene de cuarenta años atrás. Debemos seguirla con la misma rectitud de principios, con la misma intransigencia absoluta de la tradición, sin dar ni pedir cuartel!...No hemos de alterar la paz pública. Somos más patriotas que los que nos acusan; tenemos más motivos que ellos para ciudar el bienestar del pueblo, porque es el bienestar de la mayoría que nos pertenece, pero también pueden estar seguros de que no ha de haber halagos, ni promesas, ni amenazas que nos hagan ceder un paso en el cumplimiento de nuestro deber!".- (Discurso en banquete al Ing. Ernesto Boatti. Teatro Italia. Morón 2-4-1932).

-"La función del Radicalismo, que es partido esencialmente nacional, debe ser tender a "desmetropolizar" la República. Propendamos a "desmetropolizar" nuestro país; vayamos los hombres a tener esos contactos que nos eleven y que nos aten a los destinos de las demás partes del pueblo. Aprendamos de ellos sus necesidades, y recibamos de ellos sus luces; porque no podemos un día pretender gobernar los destinos de la patria desde cualquiera de las posiciones, si no hemos empezado por vivir en la patria y en las filas directas del pueblo.
"Y si el Radicalismo, señores, cuando llegue al gobierno considere que ya no debe preocuparle el aspecto institucional ni político del país como asunto de primer término, esa obra ya la ha realizado el Radicalismo. No podemos seguir viviendo con el Himno y los colores de la Bandera. La Bandera nos cubrirá por encima de nuestras acciones bien encaminadas por el bienestar del pueblo, como la bóveda celeste que nos cubre en todo el territorio. Tenemos que entrar a la realidad del problema, y lo digo con la franqueza que acostumbro a hablar, porque sólo así se debe hablar a los conciudadanos. Si el Radicalismo cuando llegue al gobierno va a ir a hacer un gobierno más o menos anodino, va a ir a respetar el privilegio porque el privilegio es fuerte, y contemplar la vida de las empresas poderosas porque ellas contribuyen a la grandeza de la República, y no va a ir a enfrentar al fuerte dentro de los límites justos, para cortar los desniveles profundos entre aquél que todo lo tiene y aquél otro que nada le alcanza; si el Radicalismo no ha de ir para operar grandes transformaciones sociales dentro de la estructura orgánica del país, pero amoldándose a las nuevas exigencias de la hora; si no ha de ir para dar el bienestar al pueblo, de modo que la felicidad del pueblo reine en el territorio; prefiero, señores, como argentino, que nos quedemos donde estamos!".- (Discurso Teatro La Comedia. Córdoba 26-10-1934).

-"El Radicalismo no es simplemente un sentir político o una tendencia. El Radicalismo es una religión de amor a la patria, de legalidad y justicia en las instituciones y solidaridad social en la democracia; es el culto cívico de los que creen en los derechos del hombre y buscan la armonía de la convivencia colectiva mediante el régimen de la soberanía del pueblo, principio básico de esa democracia que es la organización de máximo perfeccionamiento institucional alcanzado en la civilización.
"El Radicalismo es el credo político de la República. Debemos mantener incólume su dogma cívico, rindiendo intransigentes nuestro espíritu en su fe. Ay! de aquellos a quienes la seducción, el interés o la ambición, los lleve a claudicar de estos principios! Ninguna posición, por alta que ella sea, tiene valor si se adquiere al precio de una declinación individual o colectiva".- (Discurso en el banquete de confraternidad que ofreció un grupo de correligionarios visitantes a los desterrados en Montevideo 13-12-1931).

-"La Unión Cívica Radical no puede catalogarse dentro de los partidos políticos del país; es algo que está por encima de todos ellos, es una fuerza espiritual, un estado de conciencia, radica en el alma del pueblo; en una palabra: es el pueblo mismo; tiene sus virtudes, su idealismo y su instinto. De ahí su acción a través de medio siglo que la hace ya arraigar en la historia y su sobrevivencia a los embates, a las persecuciones y a los infortunios. Por eso también vemos lo efímero de las tentativas para usurpar su título y la separación con que aleja a los que buscan bajo la capa de su ideal y de su nombre, satisfacer ambiciones materialistas. El pueblo, como el agua, busca su cauce sin que nadie lo desvíe ni le enseñe".- (Discurso ante la Honorable Convención Nacional 30-12-1934).

-"El Radicalismo es hoy, como lo fuera otrora, después del largo predominio del Régimen, una esperanza de redención social. Si llegáramos a defraudarla, si por falta de comprensión de sus hombres dirigentes no marcáramos en la acción futura de gobierno rumbos y conceptos nuevos, que llenen la gran premisa de asegurar la mayor felicidad al mayor número, si no hemos de empeñarnos en crear el estado medio entre la riqueza y la miseria de modo que, el pobre tenga asegurado un mínimum de bienestar con pan, escuela y trabajo, y el que lo ha conquistado viva libre del miedo de perderlo; si no hemos de hacer lo bastante para no contemplar el espectáculo de ver levantarse a diario nuevas ciudades, en la que, mientras el obrero con su mano construye palacios no asegura para su cabeza un solo techo. Si no hemos de reivindicar el ideal de la civilización moderna de que el obrero sea el elemento esencial y el asociado de la industria, de que el hombre está primero que la máquina y primero que el producto, y que para una nación fuerte, hacer dinero es menos importante que formar hombres; si no hemos de hacer eso, días nebulosos pueden venir para la paz social de la República; fuerzas igualmente extremas, de reacción hacia atrás las unas, de revolución las otras, pueden alterar profundamente el derrotero normal".- (Discurso ante la Honorable Convención Nacional 30-12-1934).

-"La Unión Cívica Radical encarna esa situación en la Argentina. No es tan sólo un partido político, ni simplemente una fuerza electoral mayoritaria. Es mucho más: es la representación de un estado de conciencia, es el substractum de la opinión y de la voluntad de la Nación. Su fuerza no radica en la ocupación de posiciones públicas, ni en los éxitos o en las derrotas leales o falseadas de los comicios; sino en ejercer con alta visión la representación de ese atributo supremo de soberanía, que vive enérgico y alerta en el alma popular".- (Discurso como Presidente de la Honorable Convención Nacional 24-4-1937).

-"Las combinaciones, las transacciones, son propias de los negocios, de las entidades comerciales, pero no de los partidos políticos". (Declaración efectuada al Ingeniero Juan José Del Carril en Montevideo, publicadas por el diario "Crítica" el 8-12-1931).

-"Muchas veces he hablado de intransigencia. Soy intransigente. Pero me parece que la gente no entiende bien el sentido de intransigencia y le da el alcance de intolerancia. Además, aplica este concepto al sentido de las relaciones privadas. Su sentido, en verdad, es muy distinto. La intransigencia no es la intolerancia. La intransigencia es la condición esencial de la fe a un culto, a una religión, a un principio. No se conciben principios religiosos completos si no son a base de su constante intransigencia. Intransigencia no quiere decir tozudez. La intransigencia tampoco es un concepto despectivo hacia los demás. De ninguna manera. La intransigencia no es un repudio a las personas; es un repudio a los pactos. Y es un repudio a los pactos, porque el pacto es la negación de la completa idea que se sostiene. Sea cualquiera, el pacto es un "do ut des" de los romanos, es a base de perder algo. Y yo pregunto, puede, quien sostiene una virtud, negociar un pacto con respecto a esa virtud? En modo alguno. Tenemos que ser intransigentes, si no, desapareceremos. Con intransigencia y virtud, siempre habrá ciudadanos argentinos que la mantengan. (De su último discurso, pronunciado en su domicilio particular ante un numeroso grupo de correligionarios 5-4-1945).

-"Hoy más que nunca nuestro partido debe mantener firme su tradicional intransigencia que, como dije en ocasión análoga a ésta al inaugurar la anterior Convención, la intransigencia no es un repudio a los demás, sino la convicción de la verdad de sus principios y agregaba entonces, como afirmo ahora: "Los acercamientos a tendencias opuestas o aún distintas, no robustecen las propias ideas, podrán llevar al partido al gobierno, pero fatalmente lo arrastran a su descomposición". (De su discurso como Presidente de la Honorable Convención Nacional 24-4-1937).

-"Se hace el distingo entre radicales intransigentes y no intransigentes. A mí me parece, señores, que hay en esto un profundo error de interpretación. La intransigencia es la lealtad a los principios que se sostienen, es simplemente la lealtad en la manera de proceder, de pensar y de sostener una idea. La intransigencia no es la intolerancia. La intransigencia es un estado de conciencia. Por ello, señores, que no se pueda decir radicales intransigentes y no intransigentes. Radical e intransigente es una sola cosa". (Discurso ante la Honorable Convención Nacional 29-5-1939).

-"Creo, pues que debemos hacer desaparecer de nuestro partido el distingo de radicales intransigentes y no intransigentes. Al decir radical, se dice lo primero, y al decir que no es intransigente, se dice que no es radical. Esa misma intransigencia nos lleva a establecer la manera de proceder del partido". (Discurso ante la Honorable Convención Nacional 29-5-1939).

(Clasificación y compilación: Dr. Diego Barovero. Gentileza del Sr. Ricardo Pueyrredón)

lunes, 20 de agosto de 2012

Talones al portador



de Joaquín Sabina (*) 

A mí turbia conciencia le debo
almohadas en vela,
a una intrusa el ardiente placebo
de carne sin tela.

A los años les debo las canas
que siembran los años,
al futuro la oscura mañana,
el postrer desengaño

A un eclipse de musa le debo
mis versos más ñoños,
a la copa de ajenjo que bebo
el gingseng del otoño.

Al presente le debo la vida
de cuerpo presente,
al ayer una copa, una herida
fugaz e insolvente.

A la escuela le debo sumandos
que sumaban poco,
mí maestro enseñaba lampando
tan cuerdo y tan loco.

Dando cuerda al reloj del revés
en mitad de la calle,
la desesperación, los porqués,
la razón y el detalle.

Yo pensé que en denantes los treinta,
desde el homo fáber,
el artista pagaba su cuenta
de efebo cadáver.

Pero luego la parca, ya veis,
hace bises en vida,
me tenéis a los cincuenta y seis
cultivando la herida.

La cuestión cuando llama a mí puerta
mundanal ruido
son las ordenes claras y ciertas
de que ando reunido.

Con los pájaros que sobrevuelan
mí innoble cabeza,
y la media lunita que riela
el mar de mí pereza.

Al desliz de un cupido insolente
le debo la vida,
al amor el amor de la gente
en los tiempos de sida.

A la suerte debo la fortuna
de haberte encontrado,
a la noche las mil una lunas
de miel que he gozado.

(*) del libro "Versos satíricos, esta boca es mía" 

viernes, 17 de agosto de 2012

Mario Abel Amaya



Fue un militante de la Unión Cívica Radical. Lucho toda su vida por sus ideales, entre ellos, la vigencia de las Instituciones democráticas y los Derechos elementales de las personas. En este sentido, su abnegada lucha por los Derechos Humanos, fue motivo más que suficiente, para que fuera secuestrado en el mes de agosto de 1976, por la dictadura militar que había tomado el poder en la Argentina unos meses antes.  

Mario Abel Amaya nació un 3 de agosto de 1935, en la localidad de Dolavon, Provincia de Chubut. Su familia se había trasladado a esa Provincia patagónica, porque su padre era docente y fue a trabajar al sur, dejando atrás su Provincia natal de San Luís. 

Una vez finalizados sus estudios primarios, cursó la secundaria en la ciudad de Trelew, para más adelante estudiar la carrera de abogacía y comenzar en ese ámbito con su actividad política, militando con compromiso en favor de los ideales de la Reforma Universitaria.

Mario Abel Amaya, se afilió a la Unión Cívica Radical, y fue uno de los miembros que fundaron el Movimiento de Renovación y Cambio, cuyo máximo dirigente era Raúl Alfonsín. Mario fue un importante dirigente del radicalismo en su Provincia. En este sentido, fue electo Diputado Nacional en las elecciones nacionales que tuvieron  lugar en el año 1973. Cabe destacar, la pasión puesta en su tarea política, la cual, desarrollaba siempre en el marco de sus ideales y convicciones.  

Su búsqueda fue permanente en la consecución de un Radicalismo más activo y militante. En este sentido, más allá de las formalidades partidarias, no dudo en defender durante la dictadura de Onganía (1966-1973), a dirigentes estudiantiles,  políticos  y obreros, entre ellos, a Agustín Tosco.     

Una vez producido el golpe de Estado de 1976, Mario Abel Amaya fue detenido por un grupo de tareas perteneciente a las Fuerzas Armadas, un día 17 de agosto de 1976, en su domicilio de la ciudad de Trelew. Una vez consumado el secuestro, su paradero era incierto, hasta que se supo que había pasado por las cárceles de Bahía Blanca y Rawson, para finalmente ser trasladado a la Unidad 8 del Servicio Penitenciario Nacional. En este último lugar de detención, fue torturado hasta que producto de los vejámenes a los que fue sometido, debió ser trasladado al Hospital Penitenciario. Allí pasó sus últimos días, donde falleció un día 19 de octubre de 1976. 

Mario Abel Amaya, al momento de morir tenía tan sólo 41 años, no se lo podía acusar de ningún cargo o delito, ya que siempre estuvo alejado de las prácticas violentas. Se cumple un nuevo aniversario de su detención y muerte. En tal sentido, el permanente recuerdo de su militancia, nos lleva a concluir que fue un ejemplo de lucha por los derechos de los más débiles y la consecución de una democracia social. Cabe destacar que como parte de un merecido homenaje, una Escuela de Trelew lleva su nombre.

Mario Abel Amaya, fue un ejemplo de quienes por la ideología y principios del Partido Radical, lo dieron todo a cambio de nada. En este sentido, se convierte en la actualidad en una referencia a tener en cuenta, al menos, si la idea de la mayoría de los militantes y dirigentes de la Unión Cívica Radical, es dotar al radicalismo del futuro, de la tan necesaria vocación de poder, a partir de la formación de nuevos cuadros y la promoción de dirigentes, con el fin  que estos  puedan abordar y dar  solución, los temas nacionales no resueltos. Los radicales debemos honrar a quienes ofrecieron su vida militando por un  país mejor, y la mejor forma de homenajearlos, es redoblando nuestros esfuerzos militantes, para consolidar definitivamente las instituciones democráticas en nuestra República Argentina.  


Profesor César Arrondo 
Foro de Historiadores Radicales


lunes, 13 de agosto de 2012

Esos instantes



No siempre sale, pero cuando sale, sale. Son esos instantes, privilegios de la vida, donde el encanto de la música, donde las sutilezas mágicas de la gastronomía oriental van aportando lo suyo en eso de modelar sentidos.

Cada encuentro constituye toda una celebración y así, los brindis por arriba y también por abajo, conjugados con la cuadratura taurina hacen su tributo a la festividad potenciando el sensualismo de la noche.

Lejos de calendarios y relojes hay en la noche momentos únicos e irrepetibles, donde las palabras ceden para permitir el reinado del tacto y las miradas, estimulando el entrelazamiento de sabores, olores, sonidos.

No siempre sale, pero cuando sale, es toda una bendición que pone su pincelada de color a la noche y a la vida, aflorando el deseo sempiterno de vigencia de esos instantes. 

sábado, 30 de junio de 2012

Leandro N. Alem


Leandro N. Alem 

Leandro Alem, el de las largas barbas plateadas ya, el de los ojos vivos y fulgurantes, el de la palabra vibrante y perentoria, el caudillo, el jefe, el hombre de la calle y de la plaza pública, que arrebataba a las multitudes cuando les hablaba por ellas, equivocado o no, cuando los llevaba adonde él quería llevarlas, casi ídolo con su ascético rostro, con su vida clara, con su altruismo extraño, y así ha muerto, tendido sobre una mesa, cubierta la cara ensangrentada con el poncho de vicuña de sus amores nacionales.

Por qué?

Todos preguntaban el por qué, todos querían conocerlo, y habrían cuestionado al cadáver si hubiera podido contestar, y quedaban mudos ante ese enigma. ¿Como, cuando se es jefe de un partido poderoso, cuando se influye en los destinos de una nación, cuando se ha llegado a una popularidad casi sin precedentes, se puede cortar así el hilo de una existencia, saltar así a la nada, romper así con todo lo que sonríe y lo que promete?

Hombre maduro, el doctor Alem había hecho muchos sacrificios y, llegado el momento del balance, se había encontrado él solo en pérdida, después de haber puesto casi todo el capital.

Muere en su teatro, en la calle de sus triunfos, y las causas de su muerte no han de conocerse tal vez por entero.

Su amigo Francisco Barroetaveña está consternado. Hace una hora conversaba con él y “Leandro nos entretenía con burlas amistosas”, recuerda, y lo confirman sus amigos Demaría, Torino, Saldías, apesadumbrados como él frente a su muerte. “No, no puedo creerlo, no quiero creerlo –dice Barroetaveña-, ¿por qué se mato Alem? Yo no encuentro una causa razonable, si es que se puede justificar con estas palabras la siniestra resolución en los más insoportables momentos de la vida … ¿qué lo ha llevado al suicidio? ¿la pobreza? Pero si Alem era uno de esos sublimes menesterosos cuya elevación de ideas y pensamientos les impide conocer y codiciar las ventajas del dinero; que suelen terminar con los pies en un hospital, pero manteniendo siempre la cabeza y el corazón en las nubes, que se empobrecen haciendo el bien y no se avergüenzan de alimentarse “como las aves del cielo” y de vestirse “como los lirios de los campos” cuando falta el trabajo honrado y dignificante; que persiguen como objetivos de la vida la práctica del bien, del deber y de la virtud; el ejercicio del derecho y el reinado de la justicia; y que desde la plataforma de su elevada misión compadecen la opulencia de Creso … ¿Alem deprimido? Pero ¿Cómo?, ¿por quién? ¿de donde le vino esa persistente obcecación? ¿si Alem, en los pontones, en la cárcel infecta, en la miseria, víctima de la difamación, en la soledad o en el infortunio era siempre el repúblico altivo y brillante que se agrandaba ante la adversidad?

Se corre la voz: Alem ha muerto. En las casas del suburbio hay quienes lloran y quienes callan como cuando pasa un ángel.

(*) fragmento del libro de Pedro Orgambide "Leandro N. Alem o la noche es buena para el adiós"

miércoles, 27 de junio de 2012

Arturo Illia por Raúl Alfonsín, fragmentos



He dicho vida y obra, automáticamente. Sin embargo, como en los grandes hombres, la vida y la obra eran, en don Arturo Illia, dos facetas de un mismo y solo impulso. Vivía para obrar, y obraba según vivía, gracias a una consustanciación que se volcaba en exclusividad al prójimo, a la causa del género humano, su único interés, su desvelo constante.

... Arturo Illia fue el líder que las circunstancias definitorias de un cambio requerido que la Argentina necesitaba.

... Porque aquel gobierno sin venalidades ni ilícitos, aquel gobierno que obedeció a rajatabla los principios constitucionales y mantuvo la más celosa guarda de los derechos humanos, aquel gobierno en el que no se practicó la tortura ni los arrestos ocultos, aquel gobierno en que no se detuvo ni persiguió a un sólo argentino por sus ideas o sus opiniones, aquel gobierno que no cerró diarios ni ejerció censura ni presión alguna, aquel gobierno que se atuvo al federalismo al cabo de décadas de unitarismo disimulado, aquel gobierno que no interfirió en la vida de los partidos ‑incluyendo al justicialismo, al que reintegró a la normalidad electoral en 1965, tras un decenio de vedas y limitaciones‑, ni en la actividad de los sindicatos, los gremios de empresarios, los centros de arte y de ciencia, las universidades, ni en la vida de los creadores y los pensadores, ni en la del mero ciudadano; aquel gobierno que observó no sólo la letra sino además el espíritu de la Constitución de un modo desconocido hasta entonces desde 1930, y no repetido en la larga década y media posterior a su caída; aquel gobierno también fue ejemplar en materia de economía y justicia social. ...
... Pero así como ahora nuestro país parece enmarañado con intereses que se cruzan y se avienen y en ciertos sectores la sociedad pareciera perder valores éticos fundamentales, eran tiempos peores los que vivía la República cuando asumía la Presidencia de la Nación el doctor Arturo Illia. El país estaba en una espesa bruma, en un estado de derrota, a veces daba la imagen de una división casi esquizofrénica entre los hechos y las palabras; no encontraba el rumbo, prisionero el pueblo de una desorientación que le impedía encontrar el camino que lo sacara de la decadencia y de los enfrentamientos, y lo llevara decididamente hacia el crecimiento con equidad y paz. Tiempos duros y difíciles. Por eso no alcanzó un gobierno extraordinario como el de Don Arturo para consolidar la democracia.

... El período de gobierno de don Arturo transcurrió en un momento en el que aun tenía plena vigencia la cultura autoritaria y antidemocrática que se había venido sedimentando en la población desde los años 30.
... Su desgraciada destitución invirtió el desarrollo histórico de la Argentina por muchos años, lapso absolutamente irrecuperable, que además nos llevó al dolor de la lucha fraticida, al estancamiento y a la dependencia.

... El absurdo golpe de Estado perpetrado contra el Gobierno de don Arturo Illia, también provocó un verdadero desastre nacional, cuyas consecuencias aún estamos pagando. Se invirtió el sentido del cambio. Vastos sectores de nuestro pueblo comprendieron la naturaleza profundamente antinacional y antidemocrática de un hecho que quebraba una línea de cambio orientada a engrandecer la libertad, la dignidad y la búsqueda de la igualdad, para provocar episodios que en definitiva venían a fomentar la injusticia y la entrega.
... Otros sectores, frente a aberrantes y desconocidos desafíos supusieron que por la vía democrática no se lograría jamás un avance, que los esquemas interpretativos clásicos habían perdido utilidad para la correcta comprensión de los nuevos fenómenos, y en última instancia se pusieron a prueba convicciones esenciales y se buscó el cambio por otros caminos que impulsaron verdaderas regresiones.
... Es cierto que el derrocamiento de Illia tuvo todos los ingredientes clásicos de los golpes de Estado en cualquier parte del mundo: actividad conspirativa en los cuarteles, connivencia civil, respaldo de grupos económicos, contexto internacional favorable, etc. Pero también es cierto que contó con un sustrato cultural que desde distintos ángulos alimentaba actitudes de desprecio hacia la democracia y que condicionó en gran medida el comportamiento de la población.
... Sectores de la oposición, sin duda, desempeñaron un papel importante en este proceso, quizás sin advertirlo, incluyendo la línea de acciones claramente desestabilizadoras que adoptó desde el comienzo su componente sindical, y culminando con el apoyo brindado por el gremialismo al golpe de 1966. 

... Pero don Arturo Illia tenía comprobado que la democracia, esa alianza estrechísima e indisoluble de las libertades y las justicias, de todas las libertades y todas las justicias, no sólo era el sistema determinado por nuestras leyes sino el régimen apto para el crecimiento material y moral de nuestro pueblo.
... Paciente, firme, empeñoso, lúcido, soportó las andanadas de la crítica y los embates de la oposición. Le importaba sobremanera la unión nacional y el bienestar del pueblo, y a estos fines superiores consagró la misma dedicación, el mismo celo y las mismas dotes de político y estadista que había demostrado en sus anteriores gestiones públicas.
... Nadie, casi nadie puso en duda, en aquellos años de 1963 y a 1966, la rectitud legal ni la honestidad administrativa de don Arturo Illia y de su gobierno. Pero todos, casi todos desmerecieron la obra económica, social y cultural que llevaba a cabo, o la negaron sistemáticamente. Y sin embargo, ¡qué obra estupenda!
... Así, al alba del 28 de junio de 1966, Don Arturo Illia fue desalojado de la Casa Rosada, sin miramientos y con alevosía, como si se tratara de un enemigo; peor, ya que a los enemigos se los considera en el campo de batalla, y se les dispensan ceremonias de las que no gozó este gran presidente de la legalidad y el orden constitucionales, este devoto ciudadano, este patriota cuya sensibilidad social es hoy legendaria.
... Este hombre culto y generoso, amante de su pueblo, que apenas derrocado llamó al escribano general de gobierno para formular su declaración de bienes. Sólo conservaba su casa en Cruz del Eje, obsequiada en 1947 por sus vecinos, y los útiles de su consultorio. Había perdido hasta su automóvil y los depósitos bancarios que tenía al asumir.
... Mil movilizaciones debieron parar al país la noche de aquel fatídico 28 de junio. Mil movilizaciones del pueblo que gritara libertad. Pero se caían los brazos ante una comunidad nacional que protestaba y que no se sentía feliz. Se caían los brazos en una sociedad donde desgraciadamente los rencores estaban a flor de piel y donde no encontrábamos la fórmula para superar el desaliento y el derrotismo, porque mejores eran los resultados y más negativa era esa actitud casi generalizada de desánimo y a veces de tristeza.
... Poco tiempo después de su derrocamiento, sin rencor alguno, escribía este hombre admirable: “seis meses es tiempo suficiente para que nuestros conciudadanos reconozcan cabalmente las consecuencias del cambio operado en la conducción económica del gobierno... La aparente simplificación que supuso la supresión de los controles institucionales para lograr mayor eficiencia, ha fracasado y todos comprendemos ya que la democracia orgánica y seriamente practicada es el único camino capaz de asegurar en libertad u justicia el crecimiento ordenado.”
... Señalé al comienzo que Don Arturo había obrado según su vida, y que había vivido de acuerdo con sus obras. Y lo siguió haciendo hasta su muerte, el 18 de enero de 1983, nueve meses antes de que los argentinos, ahora sí libres de la confusión, de la intemperancia, del desinterés; ahora sí confiados en sí mismos, optaran definitivamente por la democracia. No por un partido, no por un hombre; por la democracia, como él anhelaba, como él se había esforzado porque lo anheláramos todos, como él se desveló para que lo sintiéramos todos, para que todos lo entendiéramos, para que todos lo propagáramos, para que todos nos hiciéramos beneficiarios y defensores de la democracia, para que todos abrazáramos las libertades y las justicias, para que todos, en fin, fuéramos dignos de nosotros, y dignos de la Argentina, la Argentina que nos merecemos.
.... Cuando fui electo Presidente en 1983, tuve la fortuna de ser el heredero, por voluntad de la mayoría, de una Argentina nueva en cuyo nacimiento don Arturo Illia tuvo responsabilidad decisiva. Y ahora los argentinos piden que sus dirigentes no pierdan el rumbo, que no caigamos en nuevas confusiones, en nuevas intemperancias, en nuevos desintereses, que terminemos de desterrar la manipulación, el revanchismo, el egoísmo. Que confiemos cada vez más en nosotros. Que no reiteremos los desastres de aquel tiempo ya lejano y, a la vez, tan próximo.
Que no aticemos el encono, vistiéndolo de expresión de ideas. Que nuestros gobernantes, periodistas, nuestros sindicalistas, nuestros estudiantes, nuestros políticos, nuestros militares, nuestros empresarios, nuestros creadores de arte y ciencia, nuestros religiosos no dejen nunca de divisar el límite entre la democracia y el ataque solapado al sistema democrático. Que no franqueen ese límite, como tantos sectores lo hicieron, a sabiendas o indeliberadamente en los mil días de gobierno de Don Arturo Illia. Insisto con esta frase de Don Arturo: "Si no se vive la democracia, la libertad, la justicia, uno se está muriendo". Basta de morir en la Argentina.
... Creo que este es el mensaje para hoy de Don Arturo: la necesidad, no solamente de hacer buenos gobiernos sino la necesidad de hacer docencia de la democracia. Por eso, en estos días que vivimos, donde hemos alejado ya definitivamente el fantasma de los golpes de Estado; en estos días que vivimos, donde por encima de nuestras lógicas discrepancias requerimos un absoluto marco de respeto por las instituciones de la democracia para desarrollar dignamente nuestra vida institucional; en el marco también de discusiones que a veces son agrias, debemos recoger ese mensaje para proclamar sin distinción de partidos políticos que por encima del acierto o del error del gobierno, lo que interesa a los argentinos es una lucha permanente por el estado de derecho, por la calidad de las instituciones de la Nación, por el debido proceso, y por la dignidad de los hombres.
... Merecería haber vivido este tiempo don Arturo Illia; con sus dotes de estadista le hubiera sido más fácil desenvolverse en la búsqueda de una República asentada, y en plena lucha para transformar a esta Nación en una democracia con igualdad de oportunidades y en la que cada persona reciba lo que le corresponde por el sólo hecho de vivir en esta sociedad. Hemos aprendido muy duras lecciones y estamos absolutamente persuadidos de que solamente a través de las instituciones de la democracia es como vamos a afianzar la posibilidad de la justicia y de la paz en nuestra patria. Arturo Illia nos dejó su mensaje de paz, de austeridad, su sentido exquisito del respeto por la personalidad humana, y casi por obligación debemos transitar ese camino, exactamente ese camino, para hacer la Argentina que nos merecemos.Illia murió el 18 de enero de 1983, cuando ya podía presentirse el triunfo de sus ideales y el reconocimiento a su lucha.
.... Hoy nos podemos preguntar si en realidad está muerto este hombre. Si los argentinos somos capaces de aprender de la terrible experiencia que hemos pasado y sabemos juntar el coraje cívico con la madurez política, y todo eso en el tono de una alegría de fondo sin la cual los pueblos marchan hacia el suicidio; si los argentinos aprendimos todo eso, Arturo Illia estará más vivo que nunca entre nosotros.
... Querido don Arturo, muchos años después, en un nuevo milenio, así seguimos entendiéndolo.. Muchas gracias por lo que hizo, por lo que nos enseñó y por el legado democrático que perdurará por más tiempo que en la vida de nuestros corazones, en las profundidades de la vocación patriótica de los argentinos.

Raúl Ricardo  Alfonsín (2008)