miércoles 21 de octubre de 2009

Proclama revolucionaria de 1932


“Frente a la dictadura del general Justo, las dictaduras de la compañía Standard Oil, Bunge y Born, Dreyfus, asociaciones de frigoríficos, tranvías, uniones telefónicas, etc. Frente a esta dictadura extranjera disfrazada canallezcamente con los colores de nuestro pabellón y a la que solo civiles y militares que han caido en la ignominia de traición a la patria pueden apuntalar, proclamamos la revolución con el fin de reconquistar para el pueblo argentino, la suma de derechos y libertades ultrajadas, arrojadas por las miserables legiones fascistas del jockey club y del círculo de armas que no han trepidado en vender la nacionalidad a cambio de satisfacer sus barras bastardas y ruines de ambiciones personales de orden político y comercial.

A los jefes y oficiales dignos, a los suboficiales y cadetes del ejercito, de la marina, a los obreros, a los chacareros y a la juventud universitaria y de institutos secundarios, a los pequeños comerciantes, propietarios e industriales incitamos a acompañarnos en esta santa cruzada, rebelde y renovadora por la democracia y la independencia política y económica de la nación y de sus clases productoras. Argentinos de pie, a las armas, viva la República Argentina, viva la Unión Cívica Radical.”


El manifiesto revolucionario transcripto fue encontrado en la chaqueta del Teniente Coronel Regino Lazcano tras ser asesinado en Curuzú Cuatia por los exponentes del régimen fascista que derrocaron el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen.

Cabe consignar que esta proclama no es para incitar a nada, constituyendo si un aporte histórico para saber de donde venimos.

Fuente: proclama leida por el Presidente del Comité Departamental de Paraná, provincia de Entre Ríos, Claudio Rogel, en el homenaje a Osvaldo Alvarez Guerrero con motivo de haberse cumplido el primer aniversario de su fallecimiento que organizara la Fundación Arturo Illia.

miércoles 30 de septiembre de 2009

El tiempo del radicalismo


El resultado electoral en la ciudad de Rosario del pasado domingo dejó mucha tela para cortar.

Los números arrojados en este comicio basicamente pusieron al desnudo el agotamiento de un modelo de gestión que ya no brinda respuestas a los vecinos y como indicador basta consignar que en el lapso de dos años el socialismo perdió 150.000 votos.

También indican los números las dificultades del justicialismo para erigirse en opción en una ciudad con tradición no peronista y la aparición de dos nuevos actores hablamos de las expresiones vernáculas de Mauricio Macri y Fernando Pino Solanas.

En cuanto a la perfomance electoral de la UCR rosarina los 69.716 votos obtenidos marcan una clara recuperación partidaria y una excelente oportunidad para constituir al radicalismo en alternativa para el 2011.

El resultado obtenido por el radicalismo rosarino es doblemente meritorio por tratarse de una elección trabajada artesanalmente a la usanza alfonsinista basada en el boca a boca, puerta a puerta para llevar el mensaje de la UCR, compitiendo contra la parafernalia publicitaria del partido de gobierno, con un plus vergonzoso: la utilización de todos los recursos de la Municipalidad de Rosario al servicio de la campaña electoral.

Cabe consignar que con los votos obtenidos la UCR quedó a 50.000 votos de diferencia del socialismo rosarino siendo esta distancia toda una invitación a redoblar esfuerzos para recuperar la Intendencia de Rosario, un objetivo cada vez más cercano.

Los números rojos de la gestión municipal, un intendente más preocupado por su futuro personal que por la gestión local, la desidia y la inacción, la lectura en clave kichnerista del resultado electoral y la credibilidad en crisis a partir del apoyo socialista a la ley de medios k, constituyen indicadores de lo que vendrá para los rosarinos, pero también constituye toda una oportunidad para la construcción de una sana alternancia.

Estos tiempos de alegría que corren en nuestra centenaria fuerza política, ameritan una correcta lectura del resultado electoral, vigorizar la estructura partidaria, el diseño de un programa de gobierno municipal y fundamentalmente no distraer esfuerzos en cuestiones subalternas.

Cumpliendo aquello de hacer lo que se debe que nos legara Alem, sembrando esperanzas como nos enseñara Don Hipólito, con el ejemplo de Don Arturo y la consecuencia de Raúl Alfonsín, participando, trabajando, militando, un futuro promisorio asoma para el radicalismo en la ciudad de Rosario

domingo 6 de septiembre de 2009

6 de septiembre de 1930: Un hecho que fue bisagra


Por Diego Barovero

Se conmemora un nuevo aniversario del acontecimiento que marcó la tónica de la segunda mitad del siglo XX en la República Argentina: el primer golpe de Estado, que derrocó el gobierno constitucional del presidente Hipólito Yrigoyen.

Yrigoyen había asumido por segunda vez el gobierno de la Nación con una mayoría abrumadora: había obtenido el doble de votos que sus adversarios.

Luego de la presidencia de Marcelo de Alvear, el anciano caudillo radical llegaba convencido que debía dar forma definitiva a la Reparación Nacional que se había insinuado de 1916 a 1922. Pero desde el día siguiente al inicio de su segundo mandato comenzó a tejerse una sorda conspiración que involucraba a los sectores del privilegio económico nacional e internacional, la prensa y sectores militares más reaccionarios.

La nota característica de la segunda presidencia yrigoyenista fue la lucha por la nacionalización del petróleo y la acción de YPF, bajo la dirección del general Enrique Mosconi.

En agosto de 1929 YPF toma el mercado petrolero interno y define el precio de suministro en detrimento de las grandes compañías a la vez que celebra un contrato con la empresa Iuyamtorg Corp. dedicada a realizar el intercambio comercial entre la Unión Soviética y América del Sur.

El contenido de dicho contrato consistía en que la Argentina comprara nafta a la Iuyamtorg y la empresa se comprometía a invertir lo percibido en productos argentinos derivados de la ganadería, la agricultura y la industria nacional, lo cual no produciría la fuga de oro del país.

La nafta soviética vendría a suplantar la importada sin molestar la producción de YPF y además el Estado argentino se reservaba la facultad de reducir la cantidad de nafta a importar si la producción de YPF aumentase y hasta la opción de rescindir el contrato si así le conviniera.

Las ventajas eran más que evidentes, el contrato con Iuyamtorg significaría un desalojo total de las compañías extranjeras, principalmente la norteamericana Standard Oil.

Pero para evitar el avance y penetración de la Standard Oil, se necesitaba la ley de nacionalización del petróleo, y de esta manera se aseguraba el país la propiedad de su riqueza, el monopolio de su explotación, transporte y comercialización.

La ley de nacionalización del petróleo -como otras iniciativas progresistas de Yrigoyen- había sido aprobada en Diputados pero sufrió la obstrucción de los conservadores en el Senado. Un testigo calificado cuenta que allá por el año 1928, antes de las elecciones le preguntaron a don Hipólito por qué quería ser nuevamente presidente, a lo que éste habría respondido: "Vuelvo por mi ley de petróleo".

Tamaña importancia le asignaba el viejo líder a la magnífica fuente de energía y riqueza que actualmente los argentinos dilapidamos en manos extranjeras sin control alguno.

La campaña de desestabilización y desprestigio de Yrigoyen y su administración hizo uso abusivo de la absoluta libertad de expresión y de prensa imperantes y adjudicó al presidente radical debilidad y falta de actividad. Sin embargo, en el bienio1928/1930 el Boletín Oficial acusa la producción de 2918 actos -Decretos- del Poder Ejecutivo y 8529 resoluciones ministeriales, sobre diversos temas de administración.

Los Decretos presidenciales se subdividen según el área de gobierno en:

Interior 316; Relaciones Exteriores y Culto 28, Hacienda 504, Obras Públicas 380, Agricultura 80, Justicia e Instrucción Pública 882, Guerra 550 y Marina 176. Es difícil creer que un presidente que en dos años produce casi tres mil decretos se encuentre en un estado de letargo o alelamiento.

Entre las medidas de gobierno más importantes se destacan la creación de más de seiscientas escuelas, la ley de creación del Banco Agrario, la ley de arrendamientos agrícolas, el decreto del Ferrocarril a Huaytiquina, el nuevo impulso a la Reforma Universitaria, haber sentado las bases de la Marina Mercante nacional y la creación de los institutos de la nutrición, del petróleo y del cáncer. En el plano de las relaciones internacionales ejerció la defensa de nuestra dignidad nacional por el valor soberano que emana de la autodeterminación de los pueblos y fomentó la confraternidad americana y mundial.

En septiembre de 1930 el producto bruto de nuestro país representaba el 50 por ciento del PBI de toda América latina. El domingo 7 de septiembre debían realizarse elecciones en Mendoza y San Juan para normalizar la situación de ambas provincias que estaban bajo la intervención federal, de las cuales surgirían gobernadores radicales y cuatro senadores que colocarían a la UCR yrigoyenista a sólo 1 voto de obtener mayoría en la cámara alta.

Pero un sonido metálico y siluetas marciales asomaron en Buenos Aires en la madrugada del sábado 6, sonido que puso fin a una época y cambió para siempre la historia argentina. Pero para peor.

dbarovero@yahoo.com.ar

(*) Vicepresidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano

martes 1 de septiembre de 2009

A 120 años del mitín de la Juventud en el Jardín Florida


Conciudadanos:

Quiero, ante todo, saludaros con el mayor entusiasmo, y luego, de inmediato, pedir a esta altiva y generosa juventud que me perdone por el juicio que de ella me había formado, pues confieso que no hace muchos meses, y en una carta que dirigía a un antiguo y valeroso compañero de las luchas cívicas y actualmente en Europa, le expresaba la profunda decepción que me inspiraba la actitud de la juventud tratándose de la cosa pública.

Ya no hay jóvenes en la república -le decía; los ideales generosos, las iniciativas patrióticas no cuentan con su apoyo ni con su entusiasmo; los que se titulan jóvenes no lo son sino en la edad, porque cuando se les habla de la patria, de los sacrificios patrióticos o del cumplimiento de los derechos cívicos, reciben esas palabras con un solemne desprecio, considerando que tales asuntos sólo pueden preocupar la mente de los ilusos, de los líricos, cuando no dicen de los tontos; y agregan que en nuestros días la política ha cambiado de giro y que hay que ser más prácticos, adoptando otra política basada en el positivismo y titulándose, los que de tal manera piensan y proceden, hombres prácticos, grandes políticos, sabios y de talento.

Fue señores, en presencia de estos hechos que mi espíritu entrevió los grandes males que surgían del falseamiento de las instituciones, y que yo creía que la juventud miraba indiferente y por eso me expresaba en palabras tan amargas con respecto a la situación política del país.

Pero ahora, y en presencia de este movimiento reaccionario iniciado por la juventud, he comprendido mi error, y al comprenderlo me complazco en exhortar a esta misma juventud valiente y decidida, a continuar con orgullo la senda que señalaron con su sangre y con su ejemplo todos nuestros gloriosos antepasados!

¡Ah! Señores, nada satisface más íntimamente y retempla mejor el espíritu, que recordar con acentuada veneración los esfuerzos desinteresados y patrióticos de aquella juventud, que abandonando la cuna de sus más caras afecciones, cortando algunos el curso de sus carreras universitarias, y despreciando todos sus intereses personales, corría, llena de bríos y de santo patriotismo, a formar en las filas del ejército, que se coronaba de gloria en las batallas libradas por la libertad y el honor nacional!

Yo nunca olvidaré la noble y altiva conducta de la juventud argentina, cuando corrió presurosa hasta los campos sangrientos del Paraguay; y allí, entre los fulgores rojizos del combate exterminador, cada joven luchaba heroicamente y moría con sonrisa plácida, saludando con su última mirada las fajas gloriosas de nuestra bandera!

Y bien, señores; al terminar, os confieso que mi corazón se llena de alegría en presencia de este movimiento varonil, noble y levantado de la juventud, que así demuestra que posee la más grande cualidad del hombre: el carácter.

Conservadlo siempre puro, moral y justiciero; no desfallescais en esta grande obra que iniciais llena de fe y de entusiasmo, y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre joven de largas barbas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de los primeros años!

Discurso de Leandro N. Alem

lunes 31 de agosto de 2009

Luis Dellepiane


por Enrique Pereira

DELLEPIANE, Dr. Luis (1895-1951) Fue una personalidad eminente de la Unión Cívica Radical. Un político de extraordinaria capacidad intelectual.

Siendo estudiante “Luisito” militó con fervor en el movimiento reformista, incorporándose muy joven al Radicalismo.

Integró la convención Nacional en la década del fraude y fue uno de los pocos afiliados radicales que actuó en F. O. R. J. A., de la que uno de los principales sostenes intelectuales, ejerciendo la presidencia de la entidad...

Dellepiane era un orador poderoso, que sabía trasmitir su pensamiento con fuerza y claridad. En 1946 llegó a la Cámara de Diputados de la Nación, sobresaliendo en el bloque “de los 44”. Fue reelecto en 1948, por cuatro años, mandato que no se completó por su fallecimiento, tras una larga enfermedad, el 31 de agosto de 1951.

Quedaron sus posiciones radicales y progresistas en el Diario de Sesiones, donde su palabra vibró en tiempos de tormentoso enfrentamiento entre radicales y peronistas; buen escritor, algo indisciplinado, su pensamiento está disperso en múltiples hojas de lucha en todo el país. Tuvo un visionario anhelo por la conjunción de las fuerzas democráticas de América Latina y basaba sus ideas en la praxis de los gobiernos de Hipólito Yrigoyen. Estuvo entre los fundadores del Movimiento de Intransigencia y Renovación.

En lo personal, Dellepiane fue un hombre afable, cordial, permanentemente dispuesto a brindar todo su saber a todo aquel que lo abordaba. Y Dellepiane, que sabía mucho de filosofía, de historia, de política… “brindaba verdaderas clases magníficas y gratuitas en una mesa de café, en un rincón de un comité o en casa de amigos.”[i]

[i] S/ L. Dellepiane, palabras del senador nacional (M. C.) Dr. Luis A. J. Brasesco al autor, el 15/9/1999

Fuente: http://diccionarioradical.blogspot.com/2007/10/dellepiane-luis-por-enrique-pereira.html

domingo 30 de agosto de 2009

Yrigoyen y la abstención electoral del radicalismo


Un día como hoy en 1912, tras la aprobación de la ley Saenz Peña que consagró el sufragio secreto y obligario, el Comité Nacional emite un manifiesto al pueblo anunciando el levantamiento de la abstención y la vuelta a la acción electoral.

Al respecto el lider radical Hipólito Yrigoyen decía: " ...es así qué la abstención no ha sido entonces un recurso político militante sino una suprema protesta ,un recogimiento absoluto y un total alejamiento de los poderes oficiales, para dejar bien establecido en el presente y en la historia y como demostración al mundo que nos mira que la Nación no tenía ninguna comunidad con los gobiernos, que en hora fatal le arrebataron el ejercicio de la soberanía... hemos dejado resuelto el más vital de los problemas de las ciencias morales y políticas, resguardando a la patria las facultades plenas que son la primordial condición de los pueblos civilizados para avanzar expansivamente hacia su destino en acción noble y altiva, fundando su prosperidad y poder sobre las sólidas bases del ejercicio de su soberanía, porque vanas serán siempre las ofuscaciones del progreso, si no se basan en el establecimiento del orden moral y político".

Fragmento del libro "Mí vida y mí doctrina", Hipólito Yrigoyen

miércoles 12 de agosto de 2009

Moisés Lebensohn, un espíritu inquieto


por Osvaldo Alvarez Guerrero

Moisés Lebensohn (12.08.1907-13.06.1953) es un caso paradigmático de lo que llamaría la cuota de "ignorancias parciales y recuerdos restringidos" en la historia política argentina.

Los pertenecientes a esa esfera de confusas exclusiones en las diversas corrientes de la historiografía nacional se invisten con el rótulo de figuras secundarias. Esa clasificación de personajes del pasado en jerarquías de importancia y trascendencia pública no ofrece objetividad.

La Historia no es una ciencia exacta. Por lo tanto, es frecuentemente arbitraria. Los historiadores suelen responder, y es casi inevitable que así sea, a preconceptos ideológicos, políticos, religiosos y hasta provenientes de simpatías personales.

Desde el punto de vista exitista de la vida política como carrera por la ocupación de cargos estatales, (escala valorativa hoy de moda ) se comprende el olvido o la ignorancia de la trayectoria de Lebensohn.

El único cargo público nacional que tuvo fue el de convencional constituyente en 1949. Designado presidente del bloque radical, desde allí se opuso a la reelección presidencial. Denunció las cláusulas de corte totalitario, como el estado de guerra interno, que le permitía al presidente decretar la intervención de las fuerzas armadas en reemplazo de los poderes Judicial y Legislativo.

En un discurso de sólido contenido jurídico y político, señaló cada uno de los componentes autoritarios del gobierno del general Perón y de la drástica eliminación de las libertades de prensa y expresión de las ideas, que caracterizó a su régimen.

Al retirarse con su bloque de la Convención Constituyente reunida en tan irregulares condiciones, y en respuesta a los gritos de la mayoría "¡Que se vayan!" exclamó: "Volveremos, para dictar la Constitución de los argentinos". Poco más tarde, Lebensohn sufrió la cárcel por razones políticas durante más de un año y allí se quebrantó su salud física definitivamente.

Pero lo importante de Lebensohn no está en los cargos que ocupó, sino en su intensa vida política desde el llano y en la coherencia y lucidez de su pensamiento democrático.

Por lo pronto, Lebensohn fue mucho más que un lúcido crítico del conservadurismo fraudulento de los treinta y del autoritarismo populista de los cuarenta.

Periodista (fundador y director del diario "Democracia" de Junín, un ejemplo de periodismo moderno, inteligente y profundo); estudioso de la filosofía política y la economía, fue seguramente el teórico más interesante e inteligente de la Unión Cívica Radical.

Queda de su pensamiento un puñado de discursos y de artículos periodísticos de lógica impecable y de vigorosa elocuencia. Hace décadas que no se reeditan, ni siquiera se difunden por el partido al que perteneció.

La claridad expositiva de esas pocas piezas lebensohnianas no excluye un ideario denso y complejo que se filtra tras una escritura lineal con sentido pedagógico y esclarecedor. Pero además de intelectual comprometido, Lebensohn fue hombre de partido, un dirigente activo de la renovación de las estructuras partidarias del radicalismo, un formador de cuadros militantes juveniles, incansable misionero, tribuno de palabra racional y emocionada retórica, una síntesis difícil y pocas veces alcanzada por el discurso político.

Muchas de las ideas de Lebensohn eran el producto de las concepciones políticas y económicas de su tiempo y de su generación: el Estado de bienestar y la democracia social, en buena parte plasmados en el tantas veces invocado y poco conocido Programa de Avellaneda del Movimiento de Intransigencia y Renovación de 1945.

El yrigoyenismo de Lebensohn era dinámico: no estaba anclado en el elogio acrítico de los gobiernos del gran caudillo. Por el contrario, lo consideraba la semilla de un proyecto inconcluso y muchas veces deformado por sus seguidores, por sus adversarios y por las propias limitaciones del fundador del radicalismo.

La de Yrigoyen había sido una revolución democrática frustrada, aun latente en sus principios fundamentales. Para Lebensohn ese proyecto seguía inconcluso, no solamente interrumpido.

La idea lebensohniana tiene una dialéctica abierta que no culmina en el círculo acabado de la geometría utópica. Lebensohn era un espíritu inquieto y, a medio siglo de su desaparición, aún se despliega, potente, en las dos grandes líneas de su ideario: la democracia social y la condición intangible de la persona humana.

El materialismo marxista, al que conocía en profundidad, nunca hizo carne en él. Su concepto de las igualdades sociales y económicas lo condujeron a una concepción flexible de incomplitud en los procesos sociales. No creía en la lucha de clases como motor de la historia, sino en la posibilidad movilizadora de las necesidades insatisfechas materiales y espirituales, que alientan la inquietud de la condición humana en todas las capas de la sociedad. Era socialista en cuanto al valor de la igualdad y la justicia, pero su idea del desarrollo humano absorbe la chatura opaca de una sociedad definitiva.

Afirmaba que "no pueden invertirse los fines del Estado, cuyo intervencionismo sólo puede referirse a la administración de las cosas y a los derechos patrimoniales, y no a los derechos del espíritu, morada de la libertad humana". Por eso la libertad, como realización indelegable del individuo, como desenvolvimiento de todas las potencias de la persona, signaba todo su pensamiento.

Hay una introspección poética de la vida del hombre que constituye en Lebensohn el punto central de su sensibilidad y de su ética política y lo alejaban de cualquier materialismo. De ahí que concibiera a la Argentina como una república que no constituye un simple trozo de territorio, un mercado o una factoría rica, ni una nación metafísica basada en etnias, religiones o lenguas, sino como sitio expansivo de la "causa del género humano".

Su valor fundamental era la libertad. Pero "la libertad no está oprimida sólo por las dictaduras, sino también por el privilegio económico. La Argentina nació como una república con el valor supremo de la libertad. Y quien abjure de la libertad -señala- está abjurando de su condición de argentino".

Lebensohn murió a los 44 años, el 13 de junio de 1953. "No debo morir", decía en su lecho final. No parece que el Partido Radical de hoy esté recordando sinceramente los deberes que se imponía el alma agitada de Lebensohn, ni mucho menos recogiendo su mensaje. Más bien su dirigencia lo está suicidando. Poco interesa, porque Lebensohn supera de lejos la decadente conducción de un partido que perdió su rumbo y envejeció en su propia laxitud quedantista. Nunca fue una figura cómoda para los dirigentes enquistados.

Sin embargo, y eso es lo que importa, para las jóvenes generaciones su prédica y su modelo de vida, de severo compromiso público, registran una actualidad sorprendente. Conviene releerlo.