viernes, 15 de junio de 2018

Reforma Universitaria, la mirada de Don Arturo






"Me tocó intervenir en las grandes luchas estudiantiles por la Reforma Universitaria, en 1918 y 1919. 

No participé en ellas como miembro directivo, ya que era mi primer año de carrera universitaria, pero sí actué como el pueblo, porque no fue una lucha puramente estudiantil.

Fue un movimiento de renovación, que se realizó en lo fundamental con el objeto de cambiar algo que venía ocurriendo desde hace varias décadas en la Universidad, donde se imponía una enseñanza que imposibilitaba la afluencia de alumnos de origen popular. 

Había cierto elitismo en la conducción de la Universidad, del profesorado y en la matriculación del alumnado. Nosotros deseábamos abrir la Universidad a todos y que la conducción de la misma tuviera sensibilidad social. 

Esta lucha dio sus frutos dado que los profesores fueron elegidos por concurso y el estudiantado pasó a tener una participación más efectiva".


Arturo Umberto Illia


Fuente: PIESKE, Fernando Rubén, "El Viejo Illia", Editorial Voces



domingo, 1 de abril de 2018

"El corazón de mis amigos es mi casa"



de Santiago Kovadloff

Pocos, claro. No pueden sino ser pocos. La intimidad y un gran número de integrantes no parecen compatibles. Nadie tiene muchos amigos si de veras lo que tiene son amigos. Abundar abundan los conocidos. Los conocidos son fruto de la sociabilidad. Ella sí los multiplica. La cortesía. El vecindario suele estar poblado de conocidos. El trato íntimo, no. Lo privado no cede tampoco a la mera frecuentación. No se gana intimidad por el hecho de verse asiduamente. Vecino es quien ocupa un lugar cercano al nuestro. No en nosotros. Un amigo se inscribe en un escenario más sustantivo que el espacial. El de la intensidad, el de los valores comunes. Su trato es, para nosotros, riqueza excepcional, afinidad extrema. Nos reconocemos en su modo de vivir. En sus palabras. En su manera de encarar las cosas, sean estas las que fueren. Incluso en sus modales.

El sentido del humor es igualmente decisivo. Pocas cosas más elocuentes, en términos de afinidad o distancia. Lo que da risa o induce a sonreír prueba, cuando se lo comparte, que se habita un mismo mundo.
Hay más, por supuesto. Y lo digo en primera persona: el corazón de mis amigos es mi casa. El techo bajo el cual, invariablemente, puedo guarecerme. Incluso de mí mismo. Aun cuando disientan conmigo, sé que ellos están de mi parte. Su modo de discrepar me lo demuestra. Lo que decide nuestra comunión es una correspondencia que precede y rebasa lo argumental. Mejor representada por el modo de plantear los temas que por los temas mismos. Disentir libremente entre amigos es una prueba más de la intimidad lograda.
No se es cauto ni reservado con un amigo. Sin transparencia plena no hay amistad.

Ciegos que se ayudan

Que un amigo me conozca no solo significa que está al tanto de lo que le he contado de mí. Significa, ante todo, que frecuenta el laberinto en que consisto. Ninguno de mis prejuicios, ninguno de mis temores - fundados o no- , ninguna de mis pobrezas, escapan a su discernimiento. Sabe de mí, muchas veces, más que yo. Ve en mí lo que no veo. Lo que no alcanzo a ver. Y viceversa, por supuesto. Nos rige la reciprocidad de los que se saben complementarios. Somos, en este punto, ciegos que se ayudan uno al otro a atenuar la penumbra en que vivimos. Ciegos que no fundan su mutuo afecto en la idealización. No se tiene amigos si se los idealiza. Si admiro a los míos por sus logros, también los quiero por la forma en que se combaten a sí mismos. Precisamente porque son lúcidos saben que esa lucidez no basta. Que es siempre insuficiente. No lo olvidan ni me dejan olvidarlo.
Intimidad es el nombre de la energía que circula entre nosotros. Lo entrañable que nos une. Porque así es, resulta posible atribuir a todo lo que mis amigos me dicen un peso sin igual, revelador. Es que hay en el modo como piensan y se expresan un grado tal de sensibilidad y elocuencia que no puedo menos que agradecer. Me conmueve escucharlos. Nunca me dejan indiferente. Digan lo que digan, me deleiten o me preocupen, siempre atraen mi atención. Siempre, con lo que dicen, ocupan el centro de mi interés. La mera cortesía no existe entre nosotros. Lo que circula es cordialidad: atañe al corazón.
Compañero es quien comparte su pan con nosotros ( com-panio). Aquel que se muestra solidario con nosotros. Nadie se parece más a un amigo que un buen compañero. Aun así, algo esencial los distingue. El compañerismo se hace evidente, siempre, en algún emprendimiento. El compañerismo es indisociable de un propósito que lo requiere. Con el compañero hay siempre una tarea de por medio. El compañerismo es impracticable sin un fin común. Es en el empeño por llegar a algo con otro donde mejor se deja ver el compañerismo.
La amistad puede, en ocasiones, configurarse como un acto de compañerismo. Pero ese no es su rasgo distintivo. La amistad no "sirve" para nada. O, mejor, no está al servicio de nada. Nada se propone a no ser su propia afirmación en un encuentro. En un encuentro que no es preámbulo de otra cosa ni epílogo de nada, sino solo continuidad. Los amigos que se reúnen lo hacen para volver a verse. Son confidentes, quieren escucharse. No hay ulterioridad en la amistad cabal. Y no porque no pueda haberla sino porque lo que en el compañerismo es central, en la amistad es secundario.
Es usual que los compañeros abunden en la infancia, en las pandillas adolescentes, en las filas de un partido político, en el trabajo o en la adhesión a un equipo deportivo. En todos estos casos hay algo que hacer juntos, algo que compartir.
Si el compañerismo se vertebra en torno a una meta o a un ideal es porque su razón de ser está adelante, en el porvenir. En la amistad, en cambio, la dimensión temporal que prepondera es el presente. La amistad no aspira a otra cosa que a la actualidad, que a actualizarse una y otra vez. Lo suyo es el festín del eterno retorno.
A diferencia de la sociabilidad y el gesto amable, la amistad no se induce. No puede enseñarse. No responde a las leyes del buen trato. Lo digo otra vez: la sociabilidad puede extenderse. Debe hacerlo. Se funda en principios de convivencia que no pueden desoírse sin un costo enorme para todos. En imperativos de coexistencia ajenos a la intimidad del trato. No es preciso conocerse profundamente para cumplir con ellos. Lo formal solo pide formalidad. Un roce y nada más entre quienes se encuentran involucrados en un mismo compromiso. Ese roce basta para sostener el patrimonio común en una convicción compartida. La amistad, en cambio, no sobrevive en la atmósfera de lo circunspecto y lo circunstancial. Se apaga. La formalidad la destruye. Ella no existe sin calidez. La calidez no es mera amabilidad. La amabilidad solo es compensatoria: suele reinar donde no hay intimidad. Ella atenúa la aspereza de la desconfianza mutua sin disolverla.
Son pocos, decía, mis amigos. Y creo que solo pocos pueden ser para cualquiera que los tenga y sepa lo que se juega en la amistad.
La amistad es vínculo de fondo. Como los peces abisales, tiene luz propia para orientarse donde no llega otra luz.
Ya en su hora inicial resalta la emoción del encuentro entre quienes están llamados a ser amigos. Ese encuentro nace ganado por júbilo. Cuando no ocurre así, prepondera lo externo. La voz de lo secundario se queda con todo. No hay, en tal caso, deslumbramiento recíproco. Hay necesidad, curiosidad, intereses. Se dice, se habla. Lo que importa no es necesariamente lo íntimo. Abundan las coincidencias. El conocimiento y la inteligencia hacen su aporte. Pero no la alegría sustancial que solo despierta el ingreso de una presencia nueva en nuestras vidas.
Por eso y por tanto más, es inválida la expresión "mi mejor amigo". Un amigo no puede ser otra cosa que único. Queda dicho: puede haber otros. Pero siempre será esa singularidad la que resplandezca en el rostro de cada uno de ellos.

Sin graduaciones

Un solo estatuto impera en la amistad. Se cuenta con un amigo o no se cuenta con él. Ni más amigo ni menos amigo. La amistad celebra una plenitud sin desniveles. Y ello es así porque, si es intimidad lo que se ha puesto en juego, no puede haber graduaciones. Es absurdo proponerse en el trato entre amigos, una intimidad parcial.
Los amigos se equivalen en su singularidad. En lo que tienen de inconfundibles. Donde no importa lo esencial cuentan los calificativos: mejor, mayor, menor; más, menos, muchos. La amistad es una forma del amor. Solo quien lo ignora se atreve a sumar, a restar, a multiplicar o dividir.
Ningún amigo lo es si en el vínculo privilegia ante todo su narcisismo. Si antepone el yo al vos o al nosotros. Un amigo habla como escucha: hospitalariamente. Abierto ante todo al otro. Deseoso de ceder la palabra a quien se brinda en el encuentro. Tan apremiado por escuchar como por hacerse oír. La charlatanería es invulnerable a ese primado del vos o del nosotros sobre el yo. En ella las voces se superponen, chocan unas con otras, se disputan burdamente el escenario; un protagonismo tan estentóreo como hueco.
Por lo demás y por último, en la amistad como en el amor nadie puede saber cabalmente qué significa para el otro. Puede intuirlo, puede conjeturarlo. Puede inferirlo de lo que él mismo siente por el otro. Pero no puede saberlo. Y es mejor que así sea. Entregarse sin retaceos al rito de la amistad es aceptar esa asimetría irreductible entre saber a quién se quiere y no terminar de saber por qué se nos quiere. Quien presuma saber plenamente por qué se lo quiere, habrá entablado ante todo un vínculo estrecho consigo mismo. Nunca con otro. En tal caso, al otro se le demandará que proceda como espejo. No será un amigo, será un reflejo. Eco de un espejismo, redundancia. La amistad, en cambio, celebra siempre el triunfo de la diferencia entre dos que se parecen.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/2121232-el-corazon-de-mis-amigos-es-mi-casa

sábado, 10 de marzo de 2018

Bukowsi






Hay una soledad en este mundo tan grande

que puedes verla en el lento movimiento de

las agujas del reloj.


La gente está tan harta

que se mutila

ya sea por el amor o por la falta de amor.


La gente no es buena entre sí

ninguna de ellas.


El rico no es bueno con el rico.

El pobre no es bueno con el pobre.


Tenemos miedo …


Debe haber una manera.


Seguro que debe haber una manera que no

hemos encontrado todavía.

La rotura

domingo, 11 de febrero de 2018

Un hivern fascinant





* Joan Margarit

Les roselles van desapareixent

eliminades com les males herbes.

Molt aviar ja no s`escamparan

les roges pinzellades del vent als camps de blat.

Qui podrà entendre un dia

els quadres de Van Gogh?

Visc encara en un món familiar,

malgrat que subtils canvis ja m`alerten:

no tornarà a ser el meu.

No es tracta d`un infern: permet comprendre.

L`oblit arriba, tranquil.litzador.

I torna, sempre torna, l`alegria.


domingo, 10 de diciembre de 2017

Hasta siempre Juan!



Infinidad de idas y venidas por la autopista Rosario - Santa Fe, matizados por diálogos de variadas temáticas, constituyen un objeto de valoración diferente al del cristal de la política.

Así, durante casi una década de compartir la lucha sindical pude apreciar una calidad humana distinta a las que suelen proyectar los medios de comunicación sobre los dirigentes sindicales.

Tras escoger un disco entre toda la discografía almacenada en aquél viejo Peugeot noventoso, comienza a sonar Sabina y también comienza el abordaje de temas de conversación que van desde la familia a la problemática tribunalicia, de la rivalidad en el pueblo de Avellaneda, de la política y de la cultura, y un tema de rigor siempre presente, los recuerdos, las postales de infancia y de juventud de su terruño natal, aspectos estos que permitían apreciar integralmente al hombre de Las Parejas.

Esa secuencia antes descripta, viaje tras viaje, reunión tras reunión, sobremesa tras sobremesa, horadaba a paso sostenido la soberbia que los señaladores crónicos le imputaban, al punto de tornarla casi inexistente.

Los diferendos de la lógica de la política, la distancia del ya no compartir el espacio de participación, y fundamentalmente el paso del tiempo, no modificaron un ápice para quien escribe aquélla valoración sobre esa calidad humana a la que me vengo refiriendo.

En tiempos de militancia activa, sobre todo partidaria, muchas veces sostuve ¨siento que me respetan más en otros espacios políticos que en mí propio partido¨, y una de las personas que así me hacía sentir, era el hombre para quien hoy escribo estas lineas.

Tono, El Tono, Juan, Juan Antonio, o simplemente Nucci era las distintas formas de tratamiento que le dispensaban, en mí caso, en el mano a mano siempre opté por decirle Juan, se lo había escuchado pronunciar a otro correligionario que también había incursionado en las lides sindicales, hablo del telefónico Luis Romani. En ese Juan se conjugaba respeto y afecto, con lo cual a modo de reciprocidad dispensaba ese tratamiento a quien respetaba profundamente a quienes transitaban el camino de la militancia política.

Concluyendo mí ciclo de militancia sindical, tuve la posibilidad de tener una charla franca con él, café mediante expresé mí disenso político, rara oportunidad la que he tenido puesto que en el mundo de la política no son afectos a escuchar disensos y en ese caso te envían al gaucho de turno para que te explayes. También en esa misma charla tuve la posibilidad de exteriorizar mi agradecimiento y mí gratitud por las posibilidades de desarrollo y de crecimiento que me había brindado la experiencia sindical.

Estas son algunas líneas que escribo a modo de semblanza y de reconocimiento ante la partida de un hombre que dió gran parte de su vida a la política, a la política sindical, descansa en paz compañero. Hasta siempre Juan!



martes, 26 de julio de 2016

SI




por Rudyard Kipling


Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, 
ni hablar con demasiada sabiduria...
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas 
a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas...
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después 
de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice "!Continuad!".
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud 
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

viernes, 17 de junio de 2016

Malta





El reloj de cuarzo
que al mismo tiempo tiene brújula precisa,
también una veleta le hace compañía;
y números de complicado calendario
activado por las fases de la luna.

Este reloj polifacético
fue el botín de guerra
de los gigantes que construyeron megalitos
en la isla de Malta.

Erigida como férrea plataforma del Mediterráneo
discurre en medio de mil tormentas,
arremolinándose alrededor de un trébol místico
el rastro de los carros que dejaron profunda huella;
en el suelo insular antes de la invención de la rueda
es un ecléctico detalle para asombro ulterior.

Al contemplar La Valetta
desde una carlinga etérea,
se avizoran pasadizos entre los islotes;
tal vez la ruta segura hacia la playa
donde el barco del apóstol Pablo se salvó del huracán;
fortín sordo al alarido de los sitiadores
aros candentes frustraron cada intento
de arriar la bandera invicta
centinela del tesoro oculto en el halcón maltés…

La estrella del estandarte
sigue el ritmo de una veleta,
dirigida por un reloj magnético;
íntimo espacio que brinda cobijo al náufrago
y serena paz a los desterrados,
la llamada de un teléfono pretérito
confirmaba desde los acantilados de antaño
que esta isla sería una fortaleza imbatible
en mitad del mar.

por Jorge Ángel Luna Rosado
de Colombia