jueves, 21 de mayo de 2009

Discurso a 40 años del Rosariazo


Desde el Comité Departamental Rosario de la Unión Cívica Radical venimos a adherir con convicción a esta evocación del 40mo. Aniversario del rosariazo y a la entrega de menciones especiales como reconocimiento del Concejo Municipal de Rosario a quienes protagonizaron esas luchas contra la dictadura en aras de recuperar la democracia en nuestro país.

Hablar del rosariazo nos remonta inexorablemente a hablar de la fractura institucional que se produce un 28 de junio de 1966, cuando el poder militar se apropia por la fuerza del poder, derrocando al gobierno constitucional que encabezaba el Dr. Arturo Umberto Illia.

Los grupos concentrados de poder nunca le perdonaron al gobierno de Arturo Illia la defensa de la soberanía nacional, realizada en todos los terrenos y todos los días, pero entendemos que estas acciones desarrolladas por el gobierno radical serán materia de otro reconocimiento.

Hablar del rosariazo también nos mueve a formular brevemente una caracterización de la dictadura que encabezara el general Juan Carlos Onganía, conjuntamente con los Martinez Paz, Salimei y Ferrer Deheza y luego los Borda, Krieger Vasena y Caballero.

Esta dictadura bestial que encabezó Onganía estuvo signada por la intolerancia, la bestialidad, la opresión, la censura, la persecución, la entrega, los atropellos, la opresión, el desconocimiento manifiesto de derechos y garantías, y la vergüenza de todos sus actos de gobierno, obrando como verdaderos tatuajes de ese cuerpo dictatorial la intervención a las universidades, la noche de los bastones largos, la instrumentación de la doctrina de la seguridad nacional y fundamentalmente la entrega del patrimonio nacional a grupos trasnacionales de poder económico.

Previo a estas jornadas de luchas populares que hoy estamos evocando, un ignoto Alfonso Carrido Lura, escribía: “el pueblo ha tomado conciencia de una realidad. La comprende o no. Conoce o desconoce los factores que la determinan. Sabe o ignora los medios a utilizar para cambiarla. Pero está seguro que es injusta: la capta en su piel y en la médula de sus huesos. Está convencido que es inmoral: lo percibe en su mitad espiritual.”

Decía también este ignoto Carrido Lura “Han cedido los muros de todos los diques. El torrente amenaza viejos edificios que antes debieron ser derruidos y nuevos cimientos en los que solía refugiarse la esperanza. Pero la expansión de las aguas puede convertir en feraces a las tierras desérticas. No irán los hombres de la democracia a apuntalar ningún muro. Sembrarán en los nuevos surcos. La nueva posibilidad, también para ellos significa el fin de una lucha desigual contra la violencia desatada por un capitalismo miope”, con cuanta claridad ya en aquéllos tiempos un Raúl Ricardo Alfonsín bajo ese seudónimo escribía y describía la realidad política de esa época en la revista Inédito.

Hablar del rosariazo también nos mueve a interrogarnos por qué sucedieron estas gestas populares en distintas regiones del país, cuyos mayores epicentros fueron las ciudades de Córdoba y nuestra ciudad de Rosario.

Haciendo propia la respuesta de Agustín Tosco a dicho interrogante decimos que “estos movimientos constituyeron la expresión militante, del mas alto nivel cualitativo y cuantitativo de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construír una vida mejor”.

En ese contexto el rosariazo constituyó también la expresión más genuina también de la unidad obrero estudiantil en lucha contra la tiranía de Onganía, teniendo como protagonistas principales a las organizaciones estudiantiles y a la gloriosa CGT de los argentinos pero también a sectores importantes de la ciudadanía rosarina.

Desde el radicalismo aún tenemos presente los relatos de nuestro querido Héctor Eugenio Arteaga quien nos relataba y nos describía como imagen más emblemática del rosariazo la participación de los vecinos del centro de nuestra ciudad, quienes desde los edificios arrojaban papeles y material conbustible para que los estudiantes disolvieran el efecto de los gases lacrimógenos pero fundamentalmente el "Gogo" nos quería destacar esas intervenciones como verdaderas muestras de solidaridad.

Hablar de estos movimientos populares es también hablar de la unidad en la acción de distintos sectores de la sociedad, de encuentros, de luchas de las grandes mayorías que escriben páginas de gloria en la historia del campo popular.

Nos parece oportuno mencionar y tributar nuestro homenaje a los mártires que dejaron esas luchas populares contra la dictadura asesina, hablamos del estudiante Adolfo Ramón Bello y el aprendiz de metalúrgico y también estudiante Norberto Blanco, ambos de nuestra ciudad. En la ciudad de Córdoba de los radicales Santiago Pampillón -estudiante de ingenieria y operario de kaiser-, y el obrero radical Maximo Mena, en Corrientes el estudiante peronista Juan José Cabral, en Tucumán Hilda Guerrero de Molina, y la prisión de dirigentes sindicales y estudiantiles.

Un párrafo aparte quiero dedicar a la cuestión sindical, muchas veces se habla de buena y mala política, y también entiendo debe hablarse de buena y mala política sindical, en este sentido hay que consignar que hubo sindicalistas colaboracionistas con el régimen de Onganía, y afortunadamente había quienes desarrollaban alta política sindical, con discurso y practica democrática, por eso nos parece oportuno el reconocimiento que hoy tributamos a dirigentes sindicales de la talla de Héctor Quagliaro y Mario Aguirre que marcaron una época y un estilo de lucha.

Tanto el rosariazo como el cordobazo fueron parte de un mismo fenómeno, de una misma matriz, la lucha por la libertad y la igualdad, que hoy podemos decir tuvo escala global en virtud de reflejarse dichas luchas con idénticos contenidos en el mayo francés, en la primavera de praga, en los levantamientos contra la guerra de Vietnam y en tantas otras luchas que se desarrollaron en distintos paises del planeta.

A cuarenta años de el rosariazo desde el Comité Departamental Rosario de la Unión Cívica Radical hoy decimos que dicha gesta se erige en un ícono de lucha, de protesta en la calle por la libertad y por la igualdad, por eso fervorosamente nuestro reconocimiento a los hombres y mujeres que protagonizaron dichas luchas contra un régimen de opresión que puso fin al proyecto entreguista del dictador Juan Carlos Onganía.

Carlos Vila, Secretario del Comité Departamental Rosario de la Unión Cívica Radical

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